Mas que hermanos (1): La noche que cambió todo
No buscó condón. Usó saliva, primero en su mano, luego directamente sobre mí. El contacto me hizo estremecer. Cuando finalmente presionó con más fuerza, el dolor fue seco, paralizante, pero no se detuvo. Lo hizo lento, consciente, hasta penetrarme por completo. El dolor cedió poco a poco a una sensación desconocida, intensa, que m...