Un eterno intruso
Nada más alzar la cabeza me encontré con el perfil de mi madre, completamente desnuda. Montada encima de Guillermo en el sofá, abrazándolo por el cuello. Su cuerpo maduro, aún firme, subía y bajaba rítmicamente. Su cabello revuelto caía sobre los hombros, su rostro enrojecido. Guillermo, sentado con las piernas abiertas, tenía la...