Tierras Doradas (1): El umbral de lo desconocido
Valeria gimió cuando sus jeans y bragas le bajaron hasta las rodillas, exponiéndola al aire fresco y a su mirada hambrienta. Su propia excitación crecía, una humedad cálida entre sus piernas que traicionaba sus palabras de protesta. Lucas la inclinó hacia delante, y ella apoyó las palmas de las manos en la pared. No había caricias...