El fontanero vino a desatascar las cañerías y desatascó las mías
Veinte centímetros de placer, todos para mí. Era gruesa, me costaba abarcarla con la mano. Perfecta. Lamí el tronco con la punta de la lengua, desde la base hasta el capullo. Mis labios lo abarcaron, recorriéndolo con deleite, mientras le acariciaba los huevos, gordos, prietos y bien depilados, cargados hasta el desbordamiento. Me met...