Todo comenzó por un coreano (3)
Pude haber parado e irme. Pero no lo hice. Me depilé entero, me cremé y me vestí. Al mirarme al espejo algo cambió. La tela contra mi piel, el corsé, el calzón de hilo clavándose, las medias… me hacía sentir como una puta sumisa. Y, inexplicablemente, me gustó. Mi esposa entró, me miró con una sonrisa de orgullo y me...