Ella me dio clases particulares
—Te gustan mis pechos ¿eh? —Sí Luisa, me gustan mucho, son preciosos. Me levanté de mi butaca y me acerqué a ella, la rodeé con mis manos masajeando sus pechos, y mojándome un dedo con saliva para ponerme a acariciar circularmente esos dos pezones, mientras la empecé a besar el cuello, y susurrarle al oído que me gustaba mucho...