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Don Ramón Ríos y sus diecisiete mujeres

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Rubén se desnudó y se sentó en una silla. Bao, la chinita se echó boca arriba. Sofía la italiana le comió la boca. Adelina la portuguesa, le comió el coño. Marcia y Flavia, las brasileñas, le comieron una teta cada una

Rubén era un hombre de 30 años, gordito. El día que le tocó la lotería su vida empezó a cambiar. Se compró un local y en él montó un pub en el que puso detrás de la barra, y como anzuelo, a dos brasileñas, Marcia y Flavia. No llegaban a los 20 años y eran delgadas, tetonas, culonas y guapas.

Un mes más tarde otras dos jovencitas, Graciela, venezolana y Eva argentina que tenían cuerpos de infarto se unieron a las brasileñas detrás de la barra para atender a las docenas de clientes que llenaban el pub Paraíso.

Una semana más tarde, después de cerrar el pub y haciendo caja, le dijo Graciela a Rubén.

-¿Sabía que trae loquitas a Marcia a Flavia y a Eva?

Rubén, se lo tomó a broma. Nunca despertara pasiones entre las mujeres, y por mucho traje de Armani que llevase y mucho perfume caro que se pusiese, no dejaba de ser un hombre corriente.

-Seguro, y a ti te late el chochito cada vez que me miras.

-No, pero no me importaría que me lo hiciese latir.

Rubén le miró para aquel escote que mostraba el comienzo de unas tremendas tetas, y le dijo:

-No me provoques que soy de los que andan muy necesitados.

-Hoy, si me deja, le quito las ganas, pero antes le voy a hablar de algo que le puede dar mucho dinero.

-Soy todo oídos

-¿Por qué no contrata más chicas para los y las que necesitan sexo?

-¿Chicas de compañía?

-Sí, con una docena se forraría. Le darían la mayor parte de sus ganancias. Las probaría a todas. Sería la envidia de sus amigos.

Ser proxeneta era la gran fantasía de Rubén. Ser proxeneta y que las chicas se enamoraran de él.

-La idea me gusta, pero, ¿qué ganas tú con esto?

-Se gana más de meretriz que sirviendo copas.

-¡Ahí me has dado!

Acabaron de hacer caja, y le dijo Rubén a Graciela:

-¿No me ibas a quitar las ganas?

Graciela le cogió el paquete.

-Y se las voy a quitar.

Graciela, se arrodilló, le abrió la bragueta, sacó la polla morcillona, la metió en la boca, y meneándola y mamándola se la puso dura...

Rubén le bajó las bragas, la levantó en alto en peso, la sentó en la barra, le quitó la camiseta, le comió las tetas y después el coño. Lo estaba haciendo con tanta dulzura que Graciela se sintió amada de verdad por primera vez en sus 19 años de vida. Rubén, sin proponérselo, no la estaba follando, le estaba haciendo el amor y Graciela se estaba enamorando.

Al rato, Rubén estaba desnudo sobre la alfombra del pub. Graciela, encima de él, lo follaba lentamente. De repente, movió su culo de atrás hacia delante con rapidez, besó a Rubén, y le dijo.

-¡Te quiero!

Rubén, le dijo:

-¿Te vas a correr para mí?

-¡Azótame el culo con fuerza!

Rubén le dio con ganas.

-¡¡Plas, plas, plas!!

-¡Más, amor mío, más, más y con más fuerza!

Le dio como la muchacha quería.

-¡¡¡Plas, plas, plas!!!

Al ratito, Graciela, exclamaba:

-¡¡¡Me vengo!!!

Graciela, retorciéndose de gusto descargó el pequeño torrente de jugo de su corrida sobre la polla de Rubén, pequeño torrente que fue bajando calentito y acabó mojando la moqueta.

Quince días más tarde, tras unas reformas, el pub Paraíso, pasó a ser el club Paraíso. Ya se necesitaba ser miembro para entrar, y no aceptaban a cualquiera, fuese hombre o mujer.

Rubén había rebajado tripa, a sus trajes de Armani los acompañaba un sombrero de ala ancha. Era, en porte, el Rick Blaine de Casablanca del siglo XXI.

Tres meses más tarde, Rubén, se follara a las catorce meretrices que trabajaba para él y a las tres de detrás de la barra. Así las tenía anotadas y puntuadas en su agenda secreta:

Bao, 19 años, "china", una muñeca diabólica. 10 puntos. Jina, 18 años, "negra", un caramelito. 10 puntos. Amy, "rusa", 20 años, un bombón. 10 puntos. Anna, "sueca", 18 años, un pecado. 10 puntos. Adelina, "portuguesa", 19 años, pasional. 10 puntos. Kinsey, "inglesa", 18 años, un sueño. 10 puntos. Sofía, "italiana", 20 años, una delicia, 10 puntos. Amelie, "francesa", 19 años, pura lujuria. 10 puntos. Elena, 18 años, "española", una hoguera. 10 puntos. Lupe, "mexicana", 18 años, tierna. 10 puntos. Graciela, "venezolana", 19 años, viciosa. 10 puntos. Nicoleta, "rumana", 20 años, juguetona. 10 puntos. Luciana, "colombiana", 19 años, sumisa. 10 puntos. Margot 18 años, "australiana", delicatessen. 10 puntos. Marcia, "brasileña", 18 años, un huracán. 10 puntos. Flavia, "brasileña", 19 años, ensoñadora. 10 puntos. Eva, 18 años, "argentina", un cielo. 10 puntos.

Todas estaban loquitas por él, y esperaban con impaciencia el día que las llamara para follar, ya que cumplía sus fantasías, desde cogerla por el culo (Graciela) hasta hacer que corriera masturbándola después de una buena sesión de zapatillazos (Bao), pasando por la que le gustaba que le comiera el coño hasta correrse (Amelie), la que le gustaba hacer mamadas y tragarse la leche (Eva), la que le gustaba la lluvia dorada (Amy), o la que le gustaba que le metiese un consolador en el culo y le follase el coño hasta echar por fuera (Kinsey).

Todo le iba de maravilla. Era el puto amo, pero la vida lo iba a poner a prueba.

Un día que Rubén salió del pub y se disponía a subir en su Ferrari, se le acercó una gitanilla muy hermosa y muy mal vestida, de estas que andan a pedir, y le dijo:

-¿Te hecho la buenaventura, payo?

-Buena ventura ya tengo, en todo caso me echarías la mala.

-Pos dame un euro que tengo que dar de comer a mis churumbeles.

-¿Que son los churumbeles?

-Mis hijos, payo.

A Rubén le cayó bien aquella gitanilla, tan hermosa como mentirosa, pues tenía una cara de virguito que tiraba para atrás. Quitó la cartera, sacó un billete de 50 euros y se lo dio.

-Toma. Cómprate un vestido, que los hijos aún te los tienen que hacer.

La gitanilla, con una sonrisa inmensa en los labios, le dijo:

-Déjame ver la palma de tu mano, payo. Si hay algo malo en tu futuro no te lo diré.

Rubén, le enseñó la palma de la mamo, y le dijo:

-Tengo curiosidad por saber que te inventas.

La gitanilla le miró la palma de la mano, y le dijo:

-No eres de aquí. Tienes 30 años. Eras gordito no hace mucho. Hay mucho amor en tu vida. Diecisiete mujeres suspiran por ti. Eres un hombre muy rico y aún lo vas a ser mucho más. Veo tres churumbeles en tu vida, una niña y dos niños. La madre será...

La gitanilla se asustó con lo que vio y le soltó la mano. Rubén, le preguntó:

-¿Quién va a ser la madre de esas criaturas?

-Algo fue mal payo, algo fue mal.

Rubén pensó que quería más dinero. Quiso sacar la cartera y ya no la tenía. La gitanilla era una carterista de primera. Quitó la cartera de su refajo y quiso devolvérsela.

-Quédatela, pero dime quien va a ser la madre de mis hijos.

-Ya te dije que algo fue mal, payo.

-¿Pero a quién has visto? ¿Quién era esa mujer?

-Yo.

Rubén miró para la gitanilla, era preciosa, pero tenía la cara sucia. Su vestido no se sabía cual fuera su color original, y los dedos que salían de sus sandalias estaban que daban pena.

-Tienes razón, sufriste una interferencia. Por cierto, lávate, que el agua es gratis. -se tocó el ala del sombrero- Que tengas un buen día.

La gitanilla bajó la cabeza, avergonzada, Rubén subió en su Ferrari, arrancó y se fue, miró por el espejo retrovisor, vio a la gitanilla, y dijo:

-Lo raro es que al principio lo acertara todo. En fin, no creo que la vuelva a ver.

Pasaban los días y Rubén no se quitaba a la gitanilla de la cabeza. Hizo algo que pensó que haría que se olvidara de ella. Hacer que se corrieran las catorce meretrices que tenía a su servicio, las dos cubanas y la argentina que atendían el bar. Cerró el club por una noche, se tomó una viagra, y media hora después, les dijo:

-Quiero, que os desnudéis, os comáis los coños y juguéis entre vosotras hasta estar a punto, y cuando estéis me montéis y me llenéis los cojones de jugo. Quiero ser el primer hombre que hace correr a diecisiete mujeres en una tarde.

No hubo preguntas. Lo que don Rubén decía iba a misa.

Entre catorce apartaron las mesas y las sillas y dejaron un gran espacio en la moqueta. Marcía, Flavia y Eva pusieron música de ambiente para hacer lo que hacía tiempo deseaban hacer, darse el lote con sus amigas.

Rubén se desnudó y se sentó en una silla. Bao, la chinita se echó boca arriba. Sofía la italiana le comió la boca. Adelina la portuguesa, le comió el coño. Marcia y Flavia, las brasileñas, le comieron una teta cada una. Jina, la negra, por detrás le comió el coño a Sofía, Anna, la sueca, se lo comió a Flavia. Luciana la colombiana, se lo comió a Anna. Lupe, la mexicana, se lo comió a Amy, la rusa, y Amy a Adelina, Graciela, la venezolana a Luciana. Nicoletta, la rumana a Margot, la australiana. Elena, la española a Nicoletta. Kinsley, la inglesa a Elena, Amy a Kinsley, y Kinsley a Amelie, la francesa, y Eva, la argentina se lo comía a Amelie...

Rubén meneaba la polla sintiendo como gemían y viendo cómo se comían los coños y los culos, como se besaban, como se masturbaban...

La primera en estar a punto fue Bao, la chinita, que les dijo a sus cuatro amantes:

-I am ready to cum.

Bao, se levantó, fue junto Rubén, se sentó sobre su polla, rodeó su cuello con sus brazos, lo besó. Movió una docena de veces el culo alrededor, y echando la cabeza hacia atrás, le dijo:

-¡¡¡I am cuming!!!

La chinita se corrió como una loba, anegando los cojones de Rubén con el jugo de su corrida, después de ella empezó un rosario de viajes sobre a su polla. Unas se corrieron jadeando como perras, otras chillando como conejas, y otras, simplemente gemían, pero todas tuvieran orgasmos inolvidables.

Cuando acabaron de follar se veía una charca sobre la moqueta, pues era tanto el jugo que echaron que no pudo chuparlo todo.

Rubén, después de correrse dentro de Jina, se volvió a acordar de la gitanilla y se le fueron las ganas de follar. Les dijo a sus empleadas:

-Tengo algo que hacer, seguir. Que no decaiga la fiesta. Hay barra libre.

Dejó a sus enamoradas comiéndose vivas. Al salir a la calle se volvió a encontrar con la gitanilla. Estaba limpia y con un vestido nuevo. Era preciosa. Era una diosa morena.

Y hasta aquí puedo llegar. Este es un relato que escribí para Rubén Ríos.

Tú le pones el final, amigo.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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