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Contrapunto

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Casi estaba bostezando, esa idea de su marido de abrir nuevos frentes en su negocio, mediante ambientes vacacionales de la gente de ciudad los cuales solían recalar en ese pequeño complejo no se lo sacaba de la cabeza, allí charlaba de nuevos proyectos con desconocidos, incluso se había comprado el libro del Manual del buen emprendedor dando nuevos aires a su vocabulario algo desarticulado. Y esa noche, se estaba empleando a fondo, en una locuaz y apasionada charla de proyecto, la cual cobraba más intensidad a media que iban tomando más licor. Ya cansada, se levanto y se dispuso pasar al salón contiguo donde había algo de baile y también estaba la barra del bar, al mismo tiempo que pensaba que no era extraño que su hija el mes pasado se hubiera aburrido, incluso se quedo dormida en el jardín del complejo, yendo a dormir algo cansada y llena de hierba; para más pesar habían tenido que coger una habitación triple ya que no quedaban libres. Durante algunos minutos observo el ambiente el cual era algo frio y solitario, apenas había gente. Se dirigió a la barra del bar como si fuera la mujer de un gran empresario, se esforzaba en cambiar a partir de ahora, que las cosas podían coger rumbos diferentes en cuanto a la economía familiar. Como si buscara la palabra apropiada dijo:

– Un vodka marca Absolut, por favor.

– Aquí tiene señora, ¿qué tal la noche, no llevan a la señorita esta vez? – dijo el camarero.

– Veo que te acuerdas de nosotros…

– Si bueno, es que vino a charlar algo por aquí, ese día… – dijo el camarero dubitativo.

– No ha venido, la última vez se aburrió mucho, pero aparte de eso, va a empezar, sus estudios universitarios – dijo, en tono orgulloso.

– Perdone si he sido algo indiscreto, pero es que se la veía una chica muy lista, será que yo dejé el colegio solo con la primaria, de eso ya han pasado más de diez años… Permítame que le sirva otra copa, la invito.

A pesar de la indiscreción del camarero, ella pensaba que poseía algo reverente en su actitud, quizá era una pose mecánica de los camareros, a pesar de su tatuaje de un escorpión en el cuello y no ser muy alto pero pareciéndolo; tenía esa gracia natural. Mientras el camarero se dirigía a la entrada de la cocina después de haberle servido otro Vodka y cambiar unas palabras en voz baja con otro camarero se dispuso a beber una vez más, al mismo tiempo que se preguntaba, ¿qué piensan de mi?

– ¡No me jodas! Dices que es su madre – dijo el otro camarero.

– Como lo oyes.

– Pues si es como me lo contaron el vigilante de noche y tu compañero de barra, como el jefe se entere… ya que me dijeron que te la tiraste en el rincón del jardín, jo macho, no se como te lo haces.

– Pues sí, tuvo tranca como se merecía, en menos de media hora ya me la había calzado. Y por el jefe no te preocupes, ellos me cubrían.

En efecto, no mentía, esa noche tras unos chupitos se llevo a la hija de la señora previamente presentada, ante la mirada del vigilante y de su otro compañero de barra. Pudieron observar como se besuqueaban al mismo tiempo él le hacía un cotejo a la chica (culo, tetas, muslos) para después tumbarse y hacerse un 69, tras el cual nuestro protagonista (por cierto, le apodan ‘Escorpión’) después ejercito una monumental monta a la muchacha con empuje y arqueo de caderas para una penetración profunda, se podían oír las tacadas de las embestidas. Termino en unas vigorosas embestidas con bombeos estáticos; por su parte ella le arañaba la espalda, le tiraba del cabello. Los compañeros del Escorpión pudieron observar como quedaron los dos inmóviles, la descarga había sido interna y abundante.

– Joder Escorpión, lo que me perdí, por lo que me han contado le echaste un polvazo de escándalo.

– Sabes, a mi no me gusta empalmarme de balde, cuando puedo mojar no desaprovecho oportunidad, me gusta usarlas al momento, donde sea y como sea – dijo el Escorpión.

Ella seguía en la barra, se adormilaba algo, era el momento de pirarse y dejar a su marido con la cháchara para acostarse, aunque al pedir la cuenta el afable camarero en un deje afable y simpático signo de deferencia hacía con la dama le dijo, “tendrá que probar nuestros chupitos de la tierra”. Con frecuencia las personas sensibles como nuestra protagonista son incapaces de disfrutar los momentos, solo es cuestión de llevarles a ello. Escorpión, en lo tocante a seducciones y encantos ínfimos confiaba más que nada en la bebida; era su medio, su ambiente, como un mecánico que está entre sus coches y neumáticos o un albañil con sus ladrillos y herramientas.

– No me lo puedo creer, se la está camelando el cabronazo, ¿sabéis para que era esa botella de chupito baratero? Pues para darle conversación – dijo el camarero entrando en la cocina tras la barra

– ¿Cómo es la hembra?

– Cuarentona, pero prieta, algo estiradilla, con buenos melones.

Así pues, el Escorpión ejecutaba el procedimiento y parecía integrado en la conversación, atento, recatado. Ella por su parte ya arrastraba sus frases al charlar, el licor le daba esa volatilidad eufórica de saberse segura, incluso se atrevió sin temor ninguno al rincón tras la barra fuera de la visión de la poca concurrencia. Justo en ese lugar, tras la cafetera fue adulada y era seducida como una adolescente. Los dos camareros iban y venían tras la barra. Le zumbaban algo los oídos; está atrapada se descompone ante el Escorpión el cual no cesa de besuquearla, la atonta con su leve contacto. Sus ideas se trastabillan y se revuelcan. Pero está a gusto, no puede defenderse de ese deseo, la tiene atrapada. Le toca los muslos y tantea su coño. El compañero hace señas al Escorpión el cual al darse cuenta se va hacía él.

– Si algún cliente llega a verte se van a quejar al jefe.

– Ya te vale – dijo el otro compañero – eres lanzado de la hostia, te bastan treinta segundos para estar trabuco, y encima ya la estás dedeando ahí en medio.

– La muy puta ya está excitada, casi se corre de gusto, quiero ensartarla ya – contesto el Escorpión.

– Solo veo la opción de que te la tires en el pequeño habitáculo de la pequeña bodega, es el único sitio que te podemos cubrir, uno de nosotros controla si viene nadie para avisarte en tal caso.

El plan estaba establecido y se actuó en consecuencia. La pequeña bodega estaba al final del pasillo trasero de la barra, carecía de puerta. El Escorpión la llevo a dicho lugar, igual que una oveja que se lleva al matadero. El pequeño cuarto no daba para mucho pero era la mejor opción a corto plazo. Entraron, su compañero se apoyo en la pared del fondo para poder avisar si venía nadie. Ella de espaldas a él entro, noto como le cogía los pechos y los liberaba del vestido, para después levantarle la falda.

– No hay sitio, estoy algo incomoda.

– Apóyate en las cajas y saca culo

En esa posición el le comió a lengüetazos el culo y el coño, para después escupir sobre su zona anal e introducirle un dedo.

– Date prisa –dijo el compañero– puede venir alguien y nos pillaran, déjate de preliminares.

– No te preocupes –al mismo tiempo que le abría las nalgas para enseñarle el coño empapado– la tengo a punto.

El Escorpión se bajo los pantalones, su cipote ya estaba listo para usar, erecto y voluminoso. Calculo la dirección frontal que le quedaba el culo posicionado, al comprobar que estaba en perpendicular, con una tacada de pelvis introdujo toda su polla, para después meterlo un dedo en el ano.

– ¡Dios! La vas a reventar.

– Me gusta hacer la llave del loro cuando doy en cuatro – dijo con voz entrecortada y agitada.

Empezó a penetrarla con decisión, cada tacada tomaba más brío, sus nalgas en el empuje se constreñían pudiendo observar dos vacíos bajo las nalgas del Escorpión debido a la tensión muscular que ejercía; con la mano libre le daba guantadas a las nalgas, la otra la empleaba para dedearla por el ano. Llegaron a tal intensidad sus adentros afuera que los movimientos parecieran latigazos musculares. Las cajas en que ella estaba apoyada se bamboleaban. Ella berreaba como una posesa, él emitía sonidos guturales de gozo. Las piernas de ella empezaron a temblequear, el coño de ella emitía chapoteos, chof, chof, cloc, cloc. El amigo del Escorpión pudo ver que empezaba a salpicar el suelo.

– ¡Toma, toma, tomala toda pedazo puta! – dijo el Escorpión.

– Meeee… me… veng… vengoooo – exclamo ella.

Bajo las piernas de ellos ya se había convertido en un charco, el Escorpión en unos empujes de taladro percutor consumo su follada, vaciando dentro de ella. Se aparto, ella estaba aún en la misma posición exhausta. La lefa y los líquidos de ella le caían por los muslos.

– Joder se ha venido con meada y todo la hembra – dijo el compañero.

– Tenía ganas si, seguro que nunca la habían follado como a una furcia – dijo al mismo tiempo que se subía los pantalones y se limpiaba su polla con las bragas medio bajadas de ella.

– Ha sido brutal Escorpión, tendré que pajearme, llevo empalme de caballo.

– No tiene sentido que te pajees si aquí tienes material para usar.

– Si tiene todo el coño lleno de tu lefa, le chorrea.

– Usa el conducto que está arriba, encúlala coño, seras tonto.

Acto seguido era enculada con rabia por el compañero, la penetro a fondo y también vació dentro de ella. La Sara, por fin se ha desvelado el nombre de nuestra dama, la cual la queríamos dejar en el anonimato por el que dirán. Quedo de pie acalambrada, bajo sus piernas todo eran restos de semen y orina, sus bragas en el suelo en medio de todo el pastizal.

Epilogo

La Sara caminaba como una ladrona, a su marido le costaba seguirla, se iban ya, pareciera que ella quisiera perder de vista el lugar. Nada más pasar por delante de la recepción le informaron que se había olvidado un pequeño paquete. Lo abrió, dentro estaban sus bragas manchadas de semen y orina.

Por su parte y debido a la confianza que nos tenemos a estas alturas también desvelamos que el nombre de la hija es Sara, bueno, Sarita como su madre, la cual en esos momentos estaba en el lavabo de la universidad con una cajetilla al lado de “Interapothek” (Test de autodiagnóstico de embarazo, cómodo, preciso, rápido y eficaz. con una varilla de prueba. Con sistema de doble control que confirman el correcto funcionamiento y que el resultado es fiable).

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