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Mi mujer y yo: una noche como solteros

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De una manera muy sensual empezó a chuparlo lentamente, mientras yo seguía acariciándole su rajita húmeda, mi esposa dijo en voz alta que ya no podría aguantar más las ganas de que se la cogieran como si no hubiera un mañana

Mi esposa y yo tenemos varios años de casados, ambos estamos en nuestros veintes, hemos tenido altas y bajas como todas la parejas, ya teníamos un tiempo arrastrando un mala racha matrimonial en la que nos peleábamos mucho, en lo sexual estábamos bastante distanciados, el sexo era muy escaso y monótono, creo que ninguno quedaba totalmente satisfecho sexualmente hablando.

Esta relato comenzó un viernes por la tarde en el que me encontraba llegando a mi casa del trabajo, dejé mi portafolio sobre la mesa y entre a la cocina para ver que había de comer, escuché la voz de mi esposa llamándome y me asomé para ver que necesitaba, mi esposa estaba en la mesa sentada, ella me dijo que me quería pedir un favor, me contó que hoy en la mañana su mejor amiga le llamó para que saliéramos en la noche, ellas acordaron que nos veríamos en un nuevo bar que acababan de abrir, ella sabe lo mal que me cae su amiga y su esposo, no son gente con la que yo pueda congeniar, pero me pidió como favor que fuéramos, yo con muy pocas ganas le dije que sí.

Ya en la noche nos estábamos arreglando para salir cuando por una tontería nos pusimos a discutir nuevamente, ella en su enojo me gritó que para mí tranquilidad aunque iríamos juntos yo podría hacer lo que me plazca, no tendría ninguna obligación de estar con ella ni con sus amigos, me dijo que si quería que me busque alguna zorra para llevármela a un motel, hoy ambos seríamos solteros sin obligaciones, yo grité que estaba completamente de acuerdo que me parecía perfecto.

Aún molestos nos subimos al coche y manejé hasta el bar, aunque me sentía muy molesto con ella no pude dejar de admirar lo bella que se veía, estaba estrenando un vestido negro bastante entallado un poco más corto de lo que usualmente usa. Mi esposa es gordita con unos grandes senos que resaltaban enormemente por el escote del vestido. Tengo que admitir que se veía muy sexy esa noche.

Al llegar buscamos una mesa, pedimos un tragos mientras esperábamos que llegasen sus amigos, casi ni nos mirábamos a ver, cada uno estaba metido en su celular, en eso escuché que el celular de mi esposa empezó a sonar, pude escuchar que su amiga tuvo que cancelarle a última hora ya que su hijo se enfermó, ella puso una cara de decepción, no sabía que decirle, creo que ninguno se sentía muy a gusto en ese momento.

De pronto escuche que alguien decía mi nombre es voz alta, cuando me viré reconocí a Alejandro, un viejo amigo de la niñez que estaba entrando solo al bar, nos saludamos muy efusivamente, teníamos muchísimos años sin saber uno del otro, él siempre fue muy atrevido con las mujeres no tardó casi nada en ver a mi esposa de pies a cabeza y preguntar quién era esa guapa mujer, fue ahí cuando una idea se me paso por la cabeza. Recordando la discusión que habíamos tenido, la presenté como una amiga del trabajo que apenas nos estábamos conociendo, ella me miró un poco sorprendida por mi repuesta pero al parecer me empezó a seguir el juego por alguna razón. Él la saludó de beso e inmediatamente empezó a decirle varios halagos que la apenaron un poco, yo lo invité a sentarse en nuestra mesa y él dijo aceptar encantado, mi esposa se paró y dijo que iría al baño. Alejandro aprovechó ese momento para preguntarme si yo tenía alguna intención amorosa con ella, lo pensé por unos segundos pero decidí seguir el juego para ver hasta donde llegaríamos, le respondí que no, que sólo éramos amigos. Él con su sonrisa pícara me dijo que ella le llamó la atención de inmediato, que no podía dejar de verle ese enorme par de tetas por el escote, se acercó a mi oído y en voz baja me dijo que ambos la trabajáramos, que igual y los dos podríamos tener suerte esa noche. Tengo que admitir que la idea me causo morbo y un poco de excitación, de inmediato contesté que me encantaba la idea, me separé de la mesa con el pretexto de ir al baño mientras él se quedaba hablando con el mesero.

Me paré en la puerta del baño de mujeres a esperar que saliera mi esposa, cuando salió la lleve a un rincón y le pregunté que si quería seguirme la corriente para divertirnos un poco, que posiblemente lo pasaríamos bien. Me contestó que estaba de acuerdo que nos sigamos portando como dos solteros sin compromisos esa noche, creo que para darme un poco de celos ella comentó que Alejandro le parecía bastante simpático, me reí un poco y no valía rajarse pase lo que pase.

Nos dirigimos a la mesa para sentarnos nuevamente, el pidió una botella de vodka, ambos seguimos el juego al pie de la letra. La verdad es que nos estábamos divirtiendo muchísimo, Alejandro tenía muchos anécdotas e historias graciosas. Él descaradamente coqueteaba con mi esposa, no perdía el tiempo, ya nos sentíamos muy en confianza y empezamos a tocar temas picantes como con cuentas personas hemos tenido sexo o cual es nuestra posición favorita, mi esposa dijo cosas que jamás me escuche antes, él la saco a bailar y yo me sentía un poco caliente al ver como la tomaba de la cintura y rozaba su pene sobre las nalgas de mi esposa mientras bailaban.

Ya estábamos un poco entrados en copas, nos habíamos tomado la botella entera y varias cervezas más, él sugirió que fuéramos a su casa los tres para seguir la fiesta, miré a ver a mi esposa a los ojos, un poco nervioso esperando su respuesta, ella dijo que estaría encantada, que se lo estaba pasando muy bien con nosotros.

Pagamos la cuenta y nos dirigimos al estacionamiento, Alejandro le pregunto a mi esposa que por que no se iba con él mientras en su carro, ella aceptó pero antes de subir al carro se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla y me dijo en voz baja que nos veríamos. Yo no sabía que pensar esa situación, me tenía súper caliente, sentía mucha emoción de lo que podría pasar, subí a mi carro y los seguí hasta su casa, cuando ellos se barajaron del carro estaban muertos de la risa.

Alejandro nos invitó a pasar a la casa, nos sentamos en su sala y de inmediato nos ofreció unos tragos, mientras preparaba los tragos él dijo que por que no jugábamos algo para que la velada sea más divertida, mi esposa riendo le pregunto qué quería jugar, él dijo que por que no jugábamos póker de prendas, mi esposa no lo dudó ni un segundo para aceptar, yo estaba nervioso pero también acepté. Alejandro sacó las cartas y nos pusimos a jugar mientras seguíamos con las risas y los tragos. La primera en perder fue mi esposa, pero sólo se quitó los zapatos en esa ronda, seguimos jugando ronda tras ronda hasta que en un punto los tres estábamos en ropa interior, Alejandro y yo estábamos en bóxer mientras que mi esposa en bra con un pequeño calzoncito, jugamos una ronda más de la que mi esposa fue la perdedora, ella se empezó a reír y dijo que las deudas son deudas, se pudo de pie frente a nosotros, desabrocho el bra y lentamente se lo quito dejando que contempláramos sus grandes senos, Alejandro ya no podía ocultar su excitación tenía el pene bien parado resaltando en su bóxer.

Ella se sentó en medio del sofá, dijo que nos quería tener sentados uno a cada lado de ella, inmediatamente obedecimos y nos sentamos con ella, primero ella tomo con sus manos la cara de Alejandro para darle un beso apasionado mientras tomaba mi mano y la ponía entre sus piernas, me puse a tocarla suavemente mientras ellos se besaban, él no perdió la oportunidad para acariciarle los senos, ella le pidió que se pusiera de pie frente a ella y con ambas manos bajó el bóxer de Alejandro hasta los pies dejando descubierto su pene erecto. De una manera muy sensual empezó a chuparlo lentamente, mientras yo seguía acariciándole su rajita húmeda, mi esposa dijo en voz alta que ya no podría aguantar más las ganas de que se la cogieran como si no hubiera un mañana. Se recostó un poco mientras Alejandro puso las piernas de mi esposa sobre sus hombros, inmediatamente la penetró para darle una cogida que nunca olvidaríamos, mi esposa no paraba de gemir de placer, yo estaba sumamente excitado con una erección de aquellas, ella metió su mano derecha dentro de mi bóxer y tomo firmemente mi pene, empezó a masturbarme mientras me preguntaba si me excitaba lo que estaba observando, ella rápidamente llego al primer orgasmo, seguimos así por un buen rato, cuando noto que ambos estábamos a punto de venirnos nos pidió que lo hiciéramos sobre sus senos para poder sentir el calor de nuestra leche, ambos nos pusimos de pie frente a ella y terminamos sobre ella como lo pidió.

Al final de la noche le confesamos la verdad a Alejandro pero no pareció molestarle mucho, quedamos en reunirnos de vez en cuando para seguir con la diversión.

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