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Sábado noche y también domingo noche

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Pablo es un chico de mi edad, recién tenemos 18 años y este mismo año hemos concluido los estudios en el colegio, ambos ingresamos también este año a la Universidad y a los dos nos va la literatura. En verdad se llama Pedro Pablo, pero él nos ha acostumbrado a llamarlo Pablo para evitar el ridículo Peter (piter) que no le gusta nada. Muy pocos saben que tiene dos nombres. Lo que Pablo se propone lo consigue, excepto una cosa: que le quiera su novia. Lo que no entiendo de Pablo es que quiera a su novia siendo así que su novia se lo ha dejado muy claro.

El asunto es que en una ocasión Pablo le declaró a su chica que la quería mucho aunque él sentía un fuerte atractivo hacia los hombres. Eso a ella no le gustó y al parecer no lo dejaba por temor a su familia ya que sus bocas se hacían agua hablando de Pablo; lo que ella quería era que él la dejara y quedara mal ante todos. Él quería casarse con ella con la esperanza de acabar con sus atracciones homosexuales.

A lo que vamos. Sábado a las 8 de la tarde salí de casa para juntarme con mis amigos, antes me había vestido adecuadamente para el calor que hacía, un short jean gastado y muy fino y una camiseta amarilla sin mangas y muy sesgadas que puso mi madre sobre mi cama. Ella tiene de vez en cuando esas cosas. La verdad es que a mi madre le gusta que yo sea gay, y a mi padre le cabrea pero aguanta. Pasé por delante de la casa de Pablo y no entré porque sabía que estaría con su novia, pero dos manzanas mas allá me lo encuentro que esperaba semáforo en verde para cruzar la avenida, igual que yo pero en dirección contraria. Estaba cabizbajo y no me veía, me puse frente a él para que tropezara conmigo y cuando cruzó me puse delante y tropezó.

— Perdón, perdón.

— ¿Cómo que perdón, Pablo?

Lo agarré del brazo y caminé unos pasos con él hasta que le pregunté qué le pasaba. Nos paramos arrimados a una pared y comenzó a explicarme. A duras penas aguantaba las lágrimas en los ojos, pero su voz era entrecortada y temblorosa.

— Me ha dejado, Julio, me ha dejado.

Y se agarró a mi cuello y comenzó a llorar sobre mi hombro. Las lágrimas corrían a lo largo de mi brazo. Los que pasaban miraban y luego se iban comentando cosas que yo ya no oía, ni puta falta que me hacía oír nada mas que lo de Pablo.

Cuando se calmó, me explicó:

— Me ha recibido en el portal de su casa y me ha dicho que no quiere nada conmigo, que todo lo nuestro acabó y que va a llorar delante de sus padres porque yo la he dejado y que no vaya a su casa para decir que ha sido ella la que ha roto porque entonces les diría a todos que soy maricón.

— Si una chica no te quiere, déjala, ya saldrá otra..., le dije.

— No; y me ha dicho que si se entera que salgo con otra chica irá a decirle que soy maricón.

— ¡Será puta la tía esa!, exclamé

Lo abracé y le invité a venirse conmigo. Nos fuimos donde mis amigos, me esperaban en un bar de ambiente donde conozco mucho a Lucio, el dueño. Lo presenté a mis amigos, lo recibieron con agrado y pensé que tenía que arreglar el vestuario de Pablo. Le saqué la camisa demasiado elegante y que exigía corbata. Me quité mi camiseta y se la puse, le levanté las perneras del jean bien planchado con unos dobladillos y entregué la camisa al dueño del bar para que me la guardara. Y me preguntó Lucio si yo quería una camiseta y le contesté:

— No; gracias, hace calor.

— Tú quieres presumir de vientre plano, eres un putón.

Nos reímos y el chico de la barra me sirvió mi whisky doble de costumbre y me miró como quien pregunta qué le sirve a mi amigo Pablo.

— Lo mismo.

Varios pasaban y preguntaban qué le pasaba a nuestro amigo y les contestaba:

— Ha roto con su novio y está triste.

Uno contestó:

— ¡Que lo mate!

Mis amigos tomaban cerveza y hablaban de ir a la disco. Les dije que iríamos y si Pablo se cansaba nos iríamos a casa. Todavía estuvimos en el bar hasta llegar uno de nuestros amigos, lo que dio oportunidad a otro whisky. Llegó Alfonso, tomó rápidamente una cerveza con Pascual y Juanele y salimos a la disco. Alfonso había venido con su coche, subimos todos y nos fuimos a El Antro. Alfonso solo bebió tónica, el amaba demasiado a su coche y no tomaba mucho alcohol. Pascual y Juanele tomaban los cócteles de moda. Pablo y yo whisky para no mezclar. Pablo bailó conmigo y con Juanele que se lo llevaba a rastras. Pero en un momento que tuve necesidad de ir al baño le dije a Pablo que me acompañara. Había gente pero no hicimos mayor caso, metí a Pablo en una cabina y le dije que se desahogara, me pidió que entrara y meamos a la vez los dos, luego nos masturbamos, nos limpiamos con papel, le di un beso que correspondió y salimos. Como iba medio desnudo noté demasiados manos tocando mi cuerpo al pasar.

— Parece que la gente te quiere, me dijo Pablo.

— ¡Ca!, buscan carne, ¿quieres follar con alguno?

— ¡Nooo...! Quiero follar contigo.

— Vamos a casa.

— ¡A mi casa no!

— No, hombre, no; nos vamos a la mía.

— ¿Qué dirá tu padre?

— Nada, porque no están mis padres en casa y, si estuvieran, igual; cada quien a lo suyo.

Me despedí de mis amigos como siempre de manera muy morbosa, con un beso con lengua y tocando paquete y culo, así me entero como está el patio, y estaba muy caliente: ya habían follado los tres. A Pascual lo mandé al baño porque ya estaba vomitando semen por el culo.

Tomamos un taxi y llegamos a casa. En efecto, no había nadie. Entramos a mi habitación para desnudarnos. Yo solo tenía que sacarme el short porque no llevaba nada más abajo. Esperé a Pablo que se desvistiera y nos fuimos a la cocina, comimos algo y nos llevamos a la habitación una botella de dos litros de agua que había en el frigorífico. Pregunté a Pablo si quería vaso y me dijo:

— Yo como tú, a morro, que sé que te gusta así.

Pablo sabe que con estas respuestas me calentaba más. Conecté el televisor, puse un canal porno de pago y elegí una de orgía bipolar. Nos tumbamos juntos en la cama y miramos la película con las piernas abiertas y las manos en la polla. En un momento había tíos follando con tías, tríos de dos con una, tíos fallándose y tortilleras dándose gusto. Dejé mi polla con una mano y con la otra agarré la polla de Pablo y me puse a darle gusto, hizo lo mismo y yo que vi a dos que se pusieron en 69, lo hice con Pablo, respondió bien, nos olvidamos de la película y yo chupaba sorbiendo su polla, pero a él le señalé mi culo que estaba rasurado de la tarde para que lo trabajara. Me daba gusto Pablo con su lengua y lo hacía como si fuera un chocho, me sentía en el Olimpo, cuando alternaba la lengua con los dedos.

Noté que Pablo estaba ya próximo a explotar y le dije:

— ¡Métemela ya!

Levanté mis piernas, cogí la almohada, me la puse debajo de la cadera. Pablo puso mis piernas en sus hombros y metió su polla en la línea divisoria de las nalgas y grité:

— ¡No seas cabrón y métemela de una puta vez.

Entonces dirigió su capullo a la entrada de mi orto y empujó, le ayudé y entró toda, hasta notaba las bolas tocando mis nalgas. Me dolió el golpe de entrada y debí haber puesto tan mala cara que me dice:

— ¿Te he hecho daño, mi reina, mi putita?

— ¡¡Muévete, puto cabrón!!

inició suavemente el mete y saca y parecía que nos íbamos a dormir, dije:

— ¡Folla más fuerte, hijoputa.

— Si mi jodida puta quiere fuerte, ahí va, replicó dándome ya en serio.

Que sí, que fue amablemente duro el gachó, se comportó como un macho, me dio más placer que en cualquier otro polvo anterior. El sudor de su cuerpo caía sobre el mío y como yo recogía su sudor y me lo metía con el dedo a la boca, abrió su boca como perro follando y un reguero de baba cayo sobre mi pecho. Lo agarré con mis manos sobre sus hombros y lo incline para que me besara y nos besamos mientras Pablo seguía follando mi culo. Dejamos el beso y vi que salía de su boca otro reguero de saliva y abrí la boca y me lo pasé por la boca adentro.

Pablo exclamó:

— ¡Me corro, me corro!

Y apretando fuertemente hacia dentro de mí noté cómo descargaba sus chorros de semen en mi interior mientras me miraba extasiado. Yo le sonreí y él se inclinó para besarme. No le dejé salir de dentro de mí y nos besamos mucho con su polla clavada en mi culo y se puso a masturbarme, pero ya no tardé en eyacular mientras Pablo miraba cómo se salía mi leche de mi polla. Besó mi polla y se le escapó su polla de dentro de mi culo.

Pablo estaba salido de sí, se puso encima de mí y se ensució a gusto con mi lefa y yo solté la suya que salía de mi culo sobre las sábanas.

A las 7:30 sonó mi despertador como hace siempre, nos levantamos, me lo llevé a la cocina, le hice tomar leche con unos cruasanes y tras ese desayuno nos fuimos a mear, sacamos todo lo que habíamos aguantado y de nuevo a la cama sin ducharnos para oler rico a machos calientes. Ya nos dormimos hacia las 8 de la mañana, abrazados, sudando del calor y besándonos.

Nos levantamos a las dos. Ya podéis imaginaros lo que pasó luego, pero ya lo contaré. A las 6 de la tarde del domingo comíamos un arroz con pollo que aprendí a cocinar. Mientras cocinaba, a mi lado estaba Pablo contando a su madre un montón de mentiras solo para decirle que no iría a casa hasta el lunes.

Y también domingo en la noche

A las dos nos habíamos despertado. Teníamos hambre, pero era mayor el desesperado deseo de sexo que sentíamos. Desde la tarde de ayer no nos habíamos duchado y habían pasado muchas cosas, sobre todo recordábamos la noche entera en que Pablo se había comportado como mi macho y yo había hecho el papel de puta para Pablo. Además mariconeé bastante, intenté hacerle sentir bien y procuré comportarme como una mujer con ganas para que se le fuera de la cabeza lo vivido con la novia. Hice que me follara cuatro veces, yo ya tenía el culo abierto para una semana, podía pasar por mi culo fácilmente un palo de béisbol. Habíamos comido semen, habíamos hecho chupadas, mis tetillas estaban inflamadas, pues Pablo, quizá acostumbrado a las tetas de su ex novia, me las pellizcaba, mordía, lamía y chupaba aspirando. Noté que yo le gustaba, quizá más que su ex novia. Me demostraba que mi cuerpo le atraía. Fue una noche sin parar y no había en mi cuerpo agujero por donde no metiera su lengua y su pene. Dormimos seis intensas horas abrazados y despertamos a las dos polla con polla y bien almidonadas y duras y con más ganas.

Pablo era buen amigo mío. Cómo vivíamos cerca uno del otro e íbamos al mismo colegio, solía venir a mi casa para hacer los deberes, algunos domingos íbamos al cine y cada quince días mi padre nos llevaba al fútbol. Muy aficionado mi padre al Villarreal, que para él es el mejor, aunque pierda. Nunca me ha gustado el fútbol, pero como mi padre nos compraba chucherías, me gustaba ir con él. A Pablo sí le gustaba el fútbol y venía con interés, luego supe que venía por las piernas y culos de los futbolistas.

Al despertar recordaba todo esto mientras esperaba que Pablo despertara. Iba tocándome los huevos, algo que me gusta mucho hacer en la cama, y acabé masturbándome, mientras lo hacía, escucho:

— Has empezado sin mí.

Lo miré, lo besé y le masturbé, quiso masturbarme, pero no le dejé. Quise hacerlo solo y cuando estaba avanzado ponía sus manos, se las quitaba y seguía masturbando hasta que exprimí su polla y el grifo me dio toda su leche. ¡Que capacidad tienen los huevos para regenerarse, joder!

Satisfecho del placer recibido me dijo:

— Hoy me follarás tú, ¿no?

— No; este fin de semana tú eres el macho y yo soy tu hembra, haz de mí lo que quieras, lo que te gustaría hacer.

— Qué difícil me lo pones, no sé si te gustará...

— Tú dime qué quieres hacerme y hazlo.

— Me hubiera gustado que te vistieras de mujer, para hacer una de mis fantasías que nunca me dejó hacer la puta con la que salía.

— ¿Esperas media hora mientras te vas tocando tus putos huevos?

Con él sí de Pablo, salí al cuarto de mis padres, escarbé en la cómoda de mi madre, saqué una de sus finas braguitas de encaje y seda, un sujetador con relleno y algodones que añadí en cantidad y busqué un vestido de mi madre en dos partes, blusa, y falda larga partida por el lateral, añadí un corpiño sobre la blusa, busqué una peluca y me pinté con las cosas que mi madre tenía en su neceser y delante del espejo para ponerme bien guapa. Me puse collares y pulseras, medias con liga casi hasta la ingle y zapatos de tacón. Abrí la puerta de mi habitación abruptamente y Pablo se llevó tal susto que, pensando que yo era mi madre, se tapó su cuerpo con la almohada.

— Pablo, Pablo, le grité arrimado de espalda al dintel y con una pierna fuera de la falda.

Cuando lo llamé me reconoció y comencé a coquetearle cual puta verdadera, contorneaba mi cintura, movía el culo y mis gestos eran lo más afeminado que pude. Vino, me besó y lo besé en la cara para dejarle marca de mis labios. Le fui dando besos por todo el cuerpo y a marcarlo con mis labios de rojo carmesí, el pecho, el abdomen, el pene, las nalgas y la cara..., todo lo tenía marcado con mis labios. Saqué el móvil de mi bolso y le hice fotos de todo, se dejó fotografiar desnudo y luego me hizo fotos con mi móvil. Me hizo una cuando levanté la falda roja del vestido para que viera las medias y las bragas estrechas y me preguntó:

— ¿Qué has hecho con tu polla?

— Soy tu hembra, no lo olvides.

Me besó y comenzó a quitarme poco a poco mi ropa, lo hizo muy bien, había asumido el papel de macho y abusó. Cuando me quedé con las prendas interiores, sin blusa y sin falda, me dijo:

— Échate al suelo y bésame los pies.

Me eché el suelo muy afeminadamente, él se había sentado en la cama, me arrastré un poco para alcanzar sus pies y no solo se los besé sino que los lamía y chupaba. Le había chupado los diez dedos y, poniendo un pie sobre mi cara, me empujó diciendo:

— Ahora chúpame desde los tobillos hasta el ombligo y hazlo bien, perra puta, o te daré tu merecido.

Fui besando y lamiendo cada lugar de sus peludas piernas, llegué a la polla y me regodeé hasta humillarlo con una corrida suprema que me tragué con gusto. Sabía que esto no le iba a gustar porque le demostré su falta de aguante, pero seguí lamiendo hasta el ombligo y le di la vuelta para lamerle sus nalgas y su hoyo hasta meter lengua adentro y le escuché gemir todo lo que se había contenido haciéndose el macho.

Volví a darle la vuelta y besé su boca, puse mi pubis sobre su polla y movía su culo buscando mi polla pero no la encontraba, iba a meter la mano para comprobar y se la quité sin decir nada y se conformó. No quiso un segundo fracaso.

Me tumbé en la cama pierna derecha sobre pierna izquierda y él miraba mi entrepierna sin descubrir el secreto. Con un empujón de pie eché abajo el zapato derecho y cambié a ponerme pierna izquierda sobre pierna derecha todo muy coqueto y afeminado y eché el otro zapato. Entonces le dije:

— ¡Ay!, mi amor, Pablito, tengo calor...

— ¿Qué puedo hacer por ti, vida mía, mi amor, para aliviarte...?

— Quítame mis medias con tu sabrosa boquita.

Ahí tenía a mi Pablo haciendo el circo para quitarme las medias con la boca, primero una, luego la otra, una eternidad.

— Chúpame mis tetas, Pablo, mi amor, mi cariñín...

Me quitó despacio el sujetador mientras yo suspiraba con gemidos forzados, y él luego mordía y lamía mis pezones.

— ¿No me quieres comer el chocho?

Iba a quitarme las bragas y no se lo permití y tuvo que chupar por encima hasta ponerlas muy húmedas. Insinué que las quitara y entonces vio el amplio esparadrapo que había echado todo el pene hacia atrás. Ya me aprisionaba porque ya estaba muy erecto. Me quité el esparadrapo con cuidado, aunque no tenía ni un pelo en los genitales ni en el pubis y volviéndome al revés de cara a la cama le pedí que me comiera el culo para luego penetrarme. Lo hizo con mucho cuidado y no tardó en penetrar, me besó toda la espalda y me atravesó sin piedad. Fue su cariñosa venganza. Desde el inicio tomó el ritmo rápido, me folló fuerte, temía yo por él, por el arrepentimiento posterior que pudiera tener, pero lo hizo a mi gusto y descargó todo su semen en mis entrañas. Quedamos exhaustos. Eran las cinco de la tarde. Nos duchamos, nos lavamos uno a otro, se cuidó de quitarme toda la mierda que yo me había puesto en la cara y bajo el agua me besó muy agradecido y le correspondí con el mismo amor. Comimos el arroz con pollo y queríamos descansar, pero vimos ambos desnudos una película de asesinos y agentes de policía. Estábamos muy juntos y pegados, tocándonos, de vez en cuando los huevos y el culo; también nos besábamos. Dieron las 9 de la noche y decidimos ir a cenar en serio. Fuimos a la habitación, nos volvimos a duchar, nos secamos y...

— ¿Qué nos ponemos?, pregunta Pablo.

Abro el ropero y le digo:

— Voy a ponerme un short y una camiseta de tirantes, tú vístete con lo que quieras de lo que hay ahí.

Cogí lo que me iba a poner, un short vaquero blanco a media caña, es decir, hasta medio muslo, y una camiseta verde con hojas pintadas. Él se escogió un short similar de tela vaquera y una camiseta de tirantes roja con un dibujo que daba la vuelta a la cintura, y preguntó:

— ¿No te pones calzoncillo?

— No suelo usar, da demasiada calor, y como el short es muy pegados al cuerpo marca todo y es mejor así, sin nada más dentro, pero si quieres en el segundo cajón hay nuevos, sin estrenar, respondí.

— Ah, si tú no te pones yo tampoco, con las bolas al aire.

Salimos a cenar, dimos un paseo como de una hora hablando. Pablo no se acordó de su novia y cuando decidimos regresar íbamos por una calle semi vacía y le metí mano por la cinturilla en sus nalgas, él hizo lo mismo y me preguntó:

— ¿Qué pasaría si nos hiciéramos novios?

— ¡Way! Eso molaría mazo perdío, contesté.

Nos pusimos uno frente al otro, metimos las dos manos abrazando las nalgas del otro, nos besamos con largo y húmedo beso y le metí un dedo en el culo, Pablo me hizo lo mismo, luego, tomados de la mano y chupando el dedo que habíamos metido en el culo, nos regresamos felices a casa como novios. Esa noche ni te imaginas, vamos lo disfrutamos jodidamente, como para agarrar un mal.

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