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Los inmigrantes (II)

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Llegó por fin el tan anhelado día. El martes de la siguiente semana a la que nos habíamos contactado por primera vez acordamos que yo recogería a Catherine y a su esposo en la estación de buses. Luego de los iniciales reconocimientos y saludos nos dirigimos en mi carro hacia un motel cercano que previamente había seleccionado. Catherine se sentó al lado mí en la silla delantera y su esposo atrás.

Durante el trayecto me sentía un poco nervioso y al mismo tiempo no dejaba de mirar las hermosas piernas morenas de Catherine que surgían de debajo de un diminuto vestido rojo carmesí que contrastaba perfectamente con el color de su piel. La miré a sus ojos y ella me respondió con una ligera sonrisa. Al mismo tiempo nos miramos su esposo y yo por el retrovisor, y entonces le pregunté por su nombre para romper el hielo: “Manuel” me contestó

Habíamos llegado al motel. Subimos a la habitación e inmediatamente Catherine entró al baño.

“Ella es un poco demorada. Pero vas a ver. Se está poniendo a punto” me dijo Manuel.

Iniciamos entonces él y yo una conversación sobre todos los temas. Él hablaba también de su experiencia en el mundo swinger acerca de la cual yo no tenía mucho conocimiento. Me dijo que en Venezuela ellos tenían varios contactos y lo hacían porque les gustaba pero ahora en Colombia por su situación económica habían tenido que recurrir a cobrar.

De pronto apareció Catherine con una diminuta tanga roja que dejaba al aire todos sus atributos. Era en verdad una hermosa morena con sus curvas sinuosas y sus muslos y nalgas voluptuosas que sugerían una poderosa sexualidad a flor de piel. Me sentí excitado casi que de inmediato y al principio con algo de timidez comencé a acariciarla y a besarla en su boca. Me quité mis pantaloncillos y la abracé fuerte contra mí. Ella al sentir mi desnudez me apretó aún más y quedamos entrelazados en un apasionado beso.

Mientras tanto, Manuel su esposo nos miraba y metiendo su mano izquierda bajo su pantaloncillo comenzó a masajear su pene hasta que éste emergió como un asta de su ropa interior. Era de un tamaño enorme, tan grueso que lo hacía ver como si fuera de corta longitud. Me imaginé de inmediato la fantasía de tener a Manuel penetrándome con aquel miembro mientras que yo penetraba a su mujer.

Manuel se nos acercó y nos dimos entonces los tres un beso. Continuamos así abrazados un rato hasta que decidí bajar para explorar oralmente aquellos cuerpos. Comencé primero con Catherine quien ya desnuda exhibía su vagina completamente depilada. Acerqué mi lengua a su clítoris y comencé a lamerla con fruición.

Luego pasé a la verga de Manuel. Me la introduje en la boca. Casi no me cabía. Manuel entonces empezó a moverse para que su verga entrara rítmicamente afuera y adentro, afuera y adentro… uf. Me llegaba hasta la garganta y me daban ganas de trasbocar pero así continué por algunos minutos.

Luego nos acostamos los tres y entonces ella me preguntó como quería penetrarla. Le dije que inicialmente en la posición de misionero. Habíamos hablado previamente del uso del condón en nuestras relaciones, pero en ese momento me di cuenta de que era tal nuestro grado de excitación que tácitamente prescindimos de su uso de inmediato. Mientras tanto Manuel nos miraba y se masturbaba. Cambiamos de posición y ella se quedó en cuatro con sus nalgas al aire dejando ver por detrás su orificio anal.

“Como quieres que te penetre?” le pregunté a ella

“Como te guste” me contestó. Inicialmente seguí clavándola por la vagina. Cada movimiento de sus caderas me excitaba más y más. Luego unté los dedos de mi mano derecha con un poco de lubricante y le pasé mis dedos untados por su culo, metiendo primero el índice, luego el del centro y por último el anular para luego meterle los tres.

Luego saqué mi miembro de su vagina y la penetré analmente. Fue algo sensacional. Aquellas nalgas sonaban como cachetadas cada vez que yo me movía dentro de su ano. En ese momento sentí que algo entraba por mi culo. Era una sensación algo extraña pues por mi posición no podía saber que me estaba penetrando. Me imaginé que era Manuel hasta que me volteé y lo vi con un consolador en su mano izquierda mientras que con la derecha se masturbaba.

Continué así hasta que eyaculé sobre los pechos de Catherine. Luego Manuel también se vino y nos quedamos los tres, exhaustos acostados sobre la cama. La experiencia había sobrepasado mis expectativas. Les dije que me había gustado mucho y acordamos que deberíamos repetirla otro día.

En la próxima entrega les contaré mis nuevas experiencias.

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