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Incesto en el bosque

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Amaia era una joven delgada, de estatura mediana, morena, de ojos marrones, cabello negro, tenía las tetas pequeñas y un culito redondito. Estaba de vacaciones de verano en Galicia y fue con su prima carnal Florencia a merendar al bosque, o sea, fueron de picnic. Después comer tortilla y de beber vino tinto con gaseosa, a Amaia, que no estaba acostumbrada al vino, se le soltó la lengua.

-¿Sabías que soy independentista?

Florencia le preguntó:

-¡¿No serás peligrosa?!

-No, yo soy incapaz de matar a un grillo, pero quiero un Euskadi libre.

Florencia, que era otra joven, gordita, rubia, de ojos azules, estatura mediana, pechugona y con un buen culo, le preguntó:

-¿Y ese quién es?

-No es una persona, Euskadi significa País Vasco.

-Oye. ¿Y además de independentista que más eres?

-Bisexual.

-Tú lo que eres es una libertina.

-Libertina era una chica que conocí. Ella hizo bueno el dicho: El comer y el rascar todo es empezar.

Florencia la vio venir

-No me creo ese dicho. ¿Qué buscas, Amaia?

Amaia siguió con su plan, que era follar a su prima.

-Lo sabes de sobras. Ya no te chupas el dedo, ¿Quieres que te cuente mi aventura con ella?

No, Florencia ya no se chupaba el dedo.

-¿Me quieres calentar por la oreja?

Amaia sonrió con picardía y después le dijo:

-¿Tu qué crees?

-Que no lo vas a conseguir. A mí me gustan los hombres, pero cuenta, siempre tuve curiosidad por saber que hacen dos tortilleras.

Estaban sentadas entre unos pinos mansos. Se sentaba una enfrente de la otra a ambos lados de un mantel con cuadros azules que habían puesto sobre la hierba. A un lado del mantel estaba una pequeña cesta, y sobre el mantel, un trozo de tortilla, pan, gaseosa y una botella con vino. Amaia cogió la botella de vino tinto, le echó un trago a morro y después de devolver la botella a su sitio, le dijo:

-Me pasó hace poco. Estaba en la parada del autobús y una chica se me puso al lado.

Florencia le preguntó:

-Y era bonita, claro.

-Mucho. Pues se me pone al lado y me mira, y me vuelve a mirar. Te juro que me empecé a sentir incómoda. Bueno, llega el autobús, me subo, se sube, pago y paga el mismo recorrido El autobús iba lleno. Se colocó detrás de mí y me puso una mano. Me dije: Ah, ¿Qué pasó aquí? Empecé a traspirar. Mira -le enseño las manos- estoy transpirando ahora al recordarlo.

Florencia le preguntó:

-¿Dónde te puso la mano?

-En el culo. Le eché una mirada de esas que matan, pero ella me sonrió. Luego se frotó contra mi culo y cómo llevaba un vestido muy fino sentí algo duro entre mis nalgas. Pensé que sería su puño, pero los puños no laten. Debo confesarte que empecé a excitarme. Cuando paró el autobús me bajé, se bajó. No sé que diablos me pasó. Aquella no era yo. En fin, acabamos en mi casa. Obvio que mis padres no estaban. Bueno, pues beso va, beso viene. Me empecé a calentar una barbaridad. ¿No te dije cómo era la chica, no?

-Solo me dijiste que era bonita

-La chica era más alta que yo, delgada de ojos negros, morocha, con el cabello muy largo y rizado y llevaba puesto un vestido gris de seda que en aquel momento se abultaba hacia delante. La verga debía de ser enorme.

-¡¿Era chica y chico?!

-Era una tentación. Bien, besándonos me dejé desnudar. Ya en la cama le dije:

-Me parece muy extraño todo esto.

Me respondió:

-"No tiene nada de extraño."

-Estoy un poco nerviosa.

-"¿Por qué?"

-Porque estoy con otra chica por primera vez.

Me quitó los nervios a besos en la boca y en las tetas, luego se bajó el vestido hasta la cintura y me puso un pezón entre los labios. Se lo lamí y le chupé la teta. Me dio el otro, se lo lamí y le chupé la teta. Sabía que iba a comerme el coño, pero ya me estaba tardando. Cuando bajó para comérmelo, aún se entretuvo besando mis muslos, besando los lados del coño... Al sentir su lengua meterse entre los labios, de mi garganta salió un gemido que resonó por toda la casa. La lengua ya no salió de mi coño. Lamió los labios, los chupó, lamió el clítoris, lo chupó. La chica sabía lo que hacía en todo momento, ya que paraba de darme lengua cuando debía parar y seguía dándomela cuando debía seguir. Llegó un momento en que vio que yo ya no podía aguantar más. Su lengua recorrió mi coño cada vez más aprisa y exploté en su boca. Retorciéndome cómo una serpiente y jadeando cómo una perra.

-Te comportaste cómo una golfa.

Amaia sonrió y le dijo:

-Y me corrí cómo una loba. Al acabar de correrme terminó de quitar el vestido. Vi su verga, era el doble de gorda que las dos que había visto y algo más larga. Aquel pedazo de carne negra cuando se corrió en mi boca... ¿Quieres correrte tú en la mía?

Su pregunta cogió a Florencia cachonda perdida pensando en la verga.

-¿Qué has dicho?

-¿Lo que has oído?

Ruborizaba, le respondió:

-¡Quita, quita! ¿Te metió la verga en el coño después de correrse en tu boca?

Amaia se levantó, se arrodilló detrás de Florencia, la besó en el cuello, le echó las manos a las tetas y magreándolas le dijo:

-Deja que te haga gozar.

Florencia se levantó y le preguntó:

-¿Te corriste al follarte con su gran polla?

Amaia se puso en pie, agarró por la cintura a su prima, le metió la mano derecha dentro de las bragas y se encontró con el coño encharcado, le dijo:

-Deja de temblar que te va a gustar.

Florencia le volvió a preguntar:

-¿Te corriste?

La besó en el cuello y después le respondió:

-Sí, me corrí, me corrí tres veces.

Florencia se encogió, pero ya dos de los dedos de Amaia habían entrado en su coño. Sintiendo las tetas de su prima en la espalda se enderezó. Dos dedos entrando y saliendo del coño la pusieron perra perdida. Cuando Amaia le giró la cabeza con la mano y sus labios se encontraron, los labios de Florencia se entreabrieron para ser besados. Sintiendo que se iba a correr le devolvió los besos a su prima. Amaia moviendo los dedos a mil por hora dentro del coño, le dijo:

-Mírame quiero ver tu cara al correrte.

Florencia le miró a los ojos, pero al momento se puso tensa. Se le cerraron los ojos de golpe y le llenó de jugos viscosos los dedos y la palma de la mano.

Al acabar de correrse Florencia, Amaia le quitó la mano del coño, le dio la vuelta y mirándola con ojos de felina lamió los jugos de la palma y los chupó de los dedos. Luego la besó con los labios pringados de jugos y después le quitó el vestido, el sujetador y las bragas.

-Tienes un cuerpo precioso, prima.

Le cogió las grandes y duras tetas y se las amasó mientras le lamía los gordos pezones y las rosadas areolas, se las mamó... Al acariciarle el clítoris Amaia le dijo:

-¿Ves cómo el comer y el rascar todo es empezar?

Florencia a se moría por correrse de nuevo.

-Deja de rascar y cómeme el coño.

Amaia se agachó delante de ella y, cogiéndola de nuevo por la cintura le enterró la lengua en el coño, para después lamer de abajo a arriba cómo si no hubiese mañana. Florencia se corrió. Tuvo una corrida tan larga cómo intensa que Amaia se tragó con ganas atrasadas. Al acabar de tragar se puso en pie y le dijo a su prima:

-Tengo que orinar.

Amaia se metió entre unos arbustos. Florencia estaba con la cesta en una mano sentada sobre una gran roca. Amaia sacando la cabeza de los arbustos, le dijo:

-Aquí hay un campito de hierba, ven.

-¿Para qué?

-¿Para qué va a ser?

-No voy a ir para hacer lo que quieras que te haga.

-Tengo el coño mojado.

Florencia se apresuró a decir:

-De meo, cochina.

Amaia había encontrado el lugar perfecto para follar con su prima sin temor a que las descubrieran y siguió insistiendo.

-Ven mujer, ven que estoy muy cachonda. Necesito que me hagas con la lengua lo que te hice yo a ti.

-Calla que te pueden oír, además, no eras independentista, hazlo tu sola.

-Si le llegara lo haría. Ven anda.

-Date dedo.

Amaia puso morritos y sacó su voz de mimosa.

-Ya me lo estoy dando, no seas mala, ven.

Florencia ya estaba caliente otra vez, pero le dijo:

-Voy, pero por no oírte más.

Dejó el cesto al lado de la roca y se metió entre los arbustos. Vio el campito de hierba. Amaia dejó de darse dedo, le quitó el vestido, las bragas y el sujetador y le dijo:

-Ya estás temblando otra vez.

-No puedo evitarlo.

Le dio un pico y ya fue a por sus gordas tetas, Besó, lamió y chupó, muy de pasada. Hizo que su prima se echase sobre la hierba, se arrodilló delante de ella, le abrió las piernas y la punta de su lengua subió por la raja del coño llevando jugos con ella. Luego cogiéndola por la cintura lamió un labio, después el otro, lamió su clítoris y acto seguido le dio lengua de abajo a arriba. Paraba en el clítoris, se lo lamía de abajo a arriba, transversalmente y haciendo círculos sobre él y volvía a empezar el recorrido. A veces se detenía para clavar la lengua en la vagina, sacarla y seguir hasta el clítoris. Pasado un tiempo los dulces gemidos de Florencia avisaron a Amaia de que se iba a correr. Segundos después Florencia le decía:

-¡Me viene!

Babas blanquecinas y espesas salieron de su coño mientras se convulsionaba, Amaia lamiendo su coño se las tragó.

Al acabar de correrse Florencia, le dijo Amaia:

-¿Sabrás hacérmelo cómo te lo hice yo a ti?

-¿A ver si te piensas que soy tonta?

Tonta no era, pero no le pudo comer el coño cómo ella hubiese querido, ya que Amaia estaba tan cachonda que al sentir la lengua de su prima lamerle el clítoris, le dijo:

-¡Me corro!

Quique.

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