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La sumisión de la viuda (II)
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Llegaron al chalet y Ana aparco el vehículo delante de la casa y salieron los tres, Nadia se interpuso entre Ana y Carlos.

– Vete a mi casa – le dijo Nadia a Carlos dándole las llaves – déjame esta noche sola con ella… quiero que estemos solas y follarla plácidamente.

Carlos hizo un gesto de disconformidad, pero acepto lo que le dijo Nadia y le paso la mano para coger las llaves mientras Ana giro la cara avergonzada.

– Ven marrana – le dijo Nadia a Ana cogiéndola de la mano y la llevo hacia la puerta de su chalet, Ana se llevó las manos al bolso saco las llaves y abrió la puerta y entraron.

Nadia cerró la puerta y arrincono a Ana contra la pared, esta soltó el bolso en el suelo, Nadia le puso su rodilla en medio de sus piernas, sus manos empezaron a magrearle las tetas y empezó a besarla por el cuello y le mordía el lóbulo de la oreja.

– Estamos solas cariño… Nadie va a saber que te voy a follar – le susurraba Nadia – estoy deseando llevarte a la cama.

Ana arqueaba la espalda y Nadia le agarro las tetas y empezó a lamerle los pezones lentamente mientras la miraba a los ojos retorcidamente.

– Por qué me haces esto – balbuceo Ana mientras se movía inquietamente

Nadia le mordió los erguidos pezones y Ana soltó un gritito placentero y Nadia sonreía mientras se deleitaba mirando la expresión de la cara.

– Te gusta lo que te hago, marrana – le decía Nadia – estamos solas, nadie va ver lo putita que eres.

– No soy ninguna puta – le murmuró Ana que llevo sus brazos a su cabeza y dejo que Nadia le comiera las tetas placenteramente.

Nadia le quito la camisa y luego la falda y la dejo caer al suelo y empezó a magrearle y apretarle las nalgas mientras la besaba en el cuello

– Me gustan las gordas como tu – le susurró Nadia

– No me llames gorda por favor, mi marido me lo decía para degradarme – pidió Ana

– Yo te voy a llamar gordita – le dijo Nadia y la beso en los labios y le dio la lengua y estuvieron un largo rato morreando – Te voy a poner cachonda y luego te hare mi putita.

Nadia cogió a Ana de la mano y la llevo a su habitación y la hizo sentar encima de la cama mientras ella empezó a desnudarse, Ana la observaba atentamente con una expresión morbosa. Nadia se acercó a ella y le quito las sandalias y le levanto las piernas y empezó a chuparle los dedos de los pies y Ana la miraba como Nadia se metió su dedo gordo dentro de la boca y lo lamía con suavidad y aquello le provocaba que su cuerpo sintiese un ardor incomprensible, Nadia le hizo un gesto para quitarle las bragas y Ana cerro las piernas y flexiono las rodillas para evitar que se las quitase, Nadia le dio dos cachetes en las nalgas, Ana soltó un grito y Nadia le quito las bragas con un gesto rápido.

– Enséñame ese coñito de viuda cachonda – le susurró Nadia mientras le abría las piernas y sus dedos le acariciaron la raja y Ana soltó un gemido y sus piernas temblaron – como tienes el coñito de húmedo.

– Por favor déjame… no quiero hacerlo – suplico Ana

– Que clítoris de marrana que tienes – le dijo Nadia pasando los dedos suavemente por encima lo que provoco unos gritos y sollozos de Ana – tanto tiempo sin follar una guarra como tu

Nadia la llevo al centro de la cama y cogió las dos almohadas y una la puso debajo de la cabeza de Ana y la otra debajo de sus nalgas y se estiro y con los brazos le abrió los muslos y empezó a pasarle la lengua por la ingle y sus dedos le abrieron los labios vaginales y le paso la lengua por la raja, Ana soltó un gritito seguido de una risa quisquillosa y Nadia le volvió a pasar la lengua por la raja y le dio dos lametones en el clítoris, Ana se llevó las manos a la cara y soltó un gemido placentero.

– Te vas volver loca cuando te coma el coñito gordita – le dijo Nadia y volvió a pasarle la lengua por la ingle y le besaba los muslos – es la primera vez que le voy a comer el coño a una viuda – Nadia le volvió a pasar lentamente la lengua por la raja y lamiéndole el clítoris y Ana volvió a retorcerse placenteramente.

– Pídeme que te coma el coño gordita… estamos solas y nadie te va ver – le dijo Nadia mientras le estimulaba el clítoris pasando el dedo suavemente y lo alternaba pasando la lengua otra vez – que coñito más sabroso que tienes – Ana empezó a gemir y le temblaban las piernas.

– Cómeme el coño… no me dejes así – le suplico Ana mientras sus manos le acariciaban la cabeza Nadia.

Nadia empezó a pasar la lengua por el coño de Ana suavemente y sus dedos le abrían los labios y lo alternaba apretándole el clítoris y lamiéndolo rápidamente.

– Me vas a volver loca – sollozaba Ana – tu lengua me ésta matando

– Desde que te vi por primera vez supe que eres una buena marrana – susurraba Nadia – te voy a comer el coñito toda la noche gordita… Mírame como te como el coñito.

Nadia pasaba la lengua por el coño de Ana muy lentamente y de pronto le daba lametones en el clítoris y le pasaba la lengua de abajo arriba muy rápido mientras sus manos empujaban los muslos para compaginar los movimientos y Ana la miraba morbosamente mientras de su boca salían gemidos, sollozos e incluso risitas complacientes.

– Eres una viuda muy marrana – le grito Nadia mientras Ana empezó a agitarse y su respiración se cortaba y sus piernas a temblar – como te huele ahora el coñito.

-Vas a hacer que me corra – balbuceo Ana mientras de sus ojos se volvían en blanco y se agitaba fuertemente encima de la cama – ¿qué le haces a mi coño?

– ¿te gusta que te dé así en el coñito? – dijo Nadia mientras le abría bien el coño y su lengua pasaba una y otra vez por encima de su clítoris – eres una mama muy guarra… ¿te vas a correr gordita?

Ana no podía resistirse más y sus manos agarraban fuertemente la cabeza de Nadia mientras sus ojos se volvían en blanco, gemía fuertemente y su cuerpo se arqueaba y convulsionaba, hacía mucho tiempo que no sentía tanto placer.

– Estamos solas gordita – le grito Nadia – solo yo veo que eres una viuda muy puta… y como te gusta que te coma el coñito.

Ana soltó un grito sordo y cerro las piernas atrapando la cabeza de Nadia entre ellas y se retorció encima de la cama corriéndose intensamente. Nadia se puso encima de ella y empezó a besarla y darle la lengua.

– Tienes un coñito muy sabroso – le susurraba Nadia mientras le pasaba la lengua por el cuello y lo alternaba dándole besos en la boca a Ana – me ha dado mucho morbo comerle el coñito a una viuda desconsolada.

– Me he vuelto loca – se disculpó Ana angustiada – no sé qué me ha pasado… yo no soy así

– Todas se vuelven locas cuando les como el coño por primera vez – asintió Nadia – pero a ti te he comido el coñito a conciencia gordita.

– Déjame sola por favor – suplico Ana avergonzada y llorando – no soy como tú dices

– Ahora vas a ver lo puta que eres – le dijo Nadia que se puso de rodillas a su lado le abrió las piernas y le metió dos dedos en el coño, Ana sorprendida lanzo un grito y sintió como los dedos de Ana empezaron a entrar y salir de su coño – te voy a follar marrana.

– No quiero… déjame – suplico Ana que se arqueo y se abrazó a los brazos de Nadia chillando, pero Nadia no paro y metía los dedos profundamente y cuando los sacaba los giraba y eso empezó a provocar una oleada de placer a Ana que comenzó a respirar entrecortadamente y a gemir placenteramente.

– Te va a gustar que te folle guarra – le grito Nadia – déjame follarte gordita.

– Te lo suplico… no sigas – sollozaba Ana pero su cuerpo le pedía otra cosa y se abría de piernas para facilitar las penetraciones de Nadia.

– Vas a suplicarme que venga a follarte por las noches – le sentenció Nadia – ¿quién va a venir a follar a una gordita y marrana como tu?

Ana empezó a entrar en trance los dedos de Nadia le provocaban un placer enorme, pero el tono de voz y la forma soez en la que le hablaba Nadia la estaban excitando y poniendo muy cachonda.

– ¿quieres que le cuente a tu hijo lo marrana que es su madre? – le pregunto Nadia – que le diga cómo se corre la gordita de su mama… Y que es una viuda muy puta.

– No por favor… no le cuentes nada a mi hijo – suplico Ana – me voy a dejar follar

Nadia agarro con la otra mano a Ana por la cintura y acelero las penetraciones y Ana arqueo la espalda y levanto las nalgas, Nadia notó como se dejaba hacer dócilmente, mencionarle a su hijo hizo que Ana se dejara someter, había encontrado su punto débil.

– ¿te gusta que te folle así marrana? – le pregunto Nadia – tienes un coñito muy apretado… mírame… quiero ver la expresión de puta que tienes en tu cara.

– ¿te gusta que sea así de puta? – le pregunto Ana mirándola morbosamente – ¿quieres saber lo que siento?… sígueme follando así… hazme tu puta – le dijo Ana totalmente ida y deslenguada.

Nadia la beso en los labios y la penetró profundamente y sus dedos exploraban toda la vagina de Ana que empezó a gritar y sollozar placenteramente.

– Me siento mal y sucia – susurraba Ana – pero sigue follándome… quiero ser tu puta… ya me corro.

Ana se abrazó al cuello de Nadia y empezó a morderle los hombros mientras le venía un orgasmo salvaje y de su coño manó una cantidad de líquido enorme.

– Nunca me he corrido así – se sinceró Ana abrazada al cuello de Nadia – me vas a volver muy marrana.

Estuvieron un buen rato abrazadas en la cama Nadia le arañaba la espalda con las uñas y acariciándola cariñosamente.

– He sido una mujer y una madre muy abnegada – le confesó Ana – la forma soez como me tratas me pone muy cachonda.

– ¿quieres algo gordita, pídemelo? – dijo Nadia – no seas tímida… ¿qué quieres que te haga?

– hazme sentir sucia y puta – pidió Ana – cómeme el coño otra vez… quiero correrme en tu lengua.

Nadia la estiro en la cama, se puso de rodillas y le subió las nalgas y el coño de Ana quedo a la altura de la boca de Nadia y le volvió a comer el coño y se quedaron dormidas.

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