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Sometida por mi criada
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Una vez firmados todos los papeles del divorcio, inicie una nueva vida me traslade de Madrid a Almería con mi hijo Álvaro. El motivo es que encontré un trabajo bien remunerado y con un buen horario y mi hijo empezó a ir a la universidad. Durante los primeros días nos alojamos en un hotel, pero rápidamente encontré un chalet que alquilaban un matrimonio ingles que tuvo que volver a su país al encontrarse muy mayores, visite el chalet y lo encontré muy bien situado, alejado del bullicio de la ciudad y con unas vistas extraordinarias, tenía de todo, tres habitaciones, dos baños, una amplía cocina y extenso comedor, rápidamente quede encantada y me quedaba muy cerca de mi trabajo y de un gran centro comercial, había una parada de bus que conectaba con la universidad para mi hijo.

El precio del alquiler no era muy caro y mi holgada economía me lo permitía de sobras, pero en el precio incluía una chica filipina interna que hacía de criada del matrimonio y sus papeles no le permitían vivir en Inglaterra a causa del Brexit. Tuve que decidir si nos quedábamos a aquella chica o no, la verdad es que al hacer los números no suponía un gasto muy elevado y lo que le pagaban por el alquiler del piso de Madrid amortiguaba aquel gasto y decidí que se quedara durante un tiempo y así me ayudaba con la limpieza y el chalet no se quedaba solo cuando estuviésemos fuera.

Diwa es como se llamaba aquella chica era muy delgada y su piel muy morena, tenía el pelo muy largo aunque lo llevaba siempre recogido y siempre con una sonrisa, tenía 32 años y sabía que era viuda y que no tenía hijos y tan solo una hermana en Barcelona. Hablaba perfectamente el castellano.

Aquel fin de semana nos trasladamos a vivir al chalet y Diwa nos ayudo a colocar todas nuestras cosas y prepararnos la comida, que tanto a mí como a mi hijo nos encanto, cocinaba una mezcla entre asiático y platos cotidianos de aquí. La distribución de las habitaciones era un poco extraña, la habitación grande que era la mía tenía un amplio baño con ducha y jacuzzi y al lado había una habitación pequeña que daba al interior y al otro lado del chalet separada por el comedor y la cocina estaba la otra habitación, muy amplía y con un lavabo completo al lado. Diwa dormía en la habitación pequeña y utilizaba el lavabo del otro lado y decidí que utilizase mi lavabo y así mi hijo tendría una habitación apartada y con su propio lavabo.

Poco a poco nos fuimos acostumbrando al chalet y su convivencia, Diwa era una joya nos tenía siempre preparada la comida con su sonrisa habitual, un día me percate que diwa no estaba como siempre y al preguntarle me explico llorando que se la había roto el portátil y que no podía comprarse otro.

– Anda ven – le dije y la lleva al parking donde guardaba unas cajas en las que había un portátil de mi ex marido, me lo lleve al recoger las cosas y yo ya tenía uno – mañana lo llevamos a formatear y ya tienes un ordenador nuevo.

Diwa se quedo muy emocionada y contenta y me abrazo efusivamente, yo le sacaba un palmo de altura y mi volumen hacía dos como ella, una extraña sensación recorrió mi cuerpo y yo no supe a que atribuirla. Al día siguiente lleve el portátil a un taller de informática para formatearlo y por la tarde fui a buscar a Diwa para ir a buscar el portátil. Diwa se estaba duchando y yo no pude evitar verla desnuda era delgada pero con un cuerpo bien formado, sus tetas pequeñitas y su culo respingón, me vio y me dedico una sonrisa mientras salía de la ducha con sus diminutos pies y mi cuerpo sufrió otra vez aquel extraño hormigueo.

– Te espero fuera – le dije – vístete y vamos a por tu portátil.

La espere sentada en la cocina fumando un cigarro y no me podía quitar de la cabeza la imagen del cuerpo de Diwa saliendo de la ducha, era totalmente opuesta a mí.

Me voy a presentar: me llamo Pilar y todo el mundo me llama Pili, tengo 40 años y aunque no soy muy agraciada me conservo bien, tengo el pelo castaño, corto en media melena, mido aproximadamente 1.64 y peso unos 68 kilos y tengo un poco de barriga y sobrepeso y no suelo ser una mujer que destaque entre los hombres, aunque todavía mi culo y las tetas están en su sitio.

Diwa apareció ante mí con el pelo suelto y vestida de forma informal, no pude asómbrame más de lo atractiva y sensual que era y otra vez mi cuerpo sintió el hormigueo. La lleve al taller de informática y le pusieron sus contraseñas y nos fuimos a comprar al centro comercial. Al llegar al chalet y cuando aparque el vehículo Diwa toco con su mano mi pierna y me dio un beso en la mejilla para agradecerme otra vez lo del portátil sus labios rozaron mi barbilla y el escalofrío fue esta vez todo un temblor que recorrió todo mi cuerpo, descubrí que ella me alteraba sexualmente de una manera incomprensible.

Aquella noche cenamos en la cocina y mi hijo se fue a su habitación yo estaba absorta en mis pensamientos y sentí las manos de Diwa en mis hombros y como apretaban mi cuello y me daban golpes con el canto de la mano.

– La señora necesita relajarse – dijo Diwa – yo le doy un masaje.

Me deje llevar por el relax que me produjeron sus manos y me dio un masaje por un corto espacio de tiempo, me levante somnolienta y me fui a la cama, me acosté y no podía dormir, no sabía el motivo y por mi cabeza volvió a pasar el cuerpo desnudo de Diwa y pensé que la vida sexual con mi marido había sido un desastre y no podía considerarme una experta en la cama y como mi marido me dejo por otra me enfureció y me dejó inquieta y sentí el impulso de masturbarme y me quite las bragas y me pase los dedos por el coño mientras pensaba en Diwa, mi coño se mojo rápidamente, nunca había sentido nada por una mujer, pero ahora me estaba masturbando pensando en una, me corrí y solté un gritito y me acurruque en la cama y me di cuenta que la puerta de la habitación se cerraba en aquel momento. ¿estaría Diwa observándome?… lejos de preocuparme me puse otra vez cachonda y me quede dormida.

Al día siguiente transcurrió todo con normalidad hasta el momento de la cena, aquella noche tuve una fuerte discusión con mi hijo por que iba el fin de semana a Madrid a pasarlo con su padre y él se fue a su habitación y yo me quede llorando en la cocina.

– Estás muy tensa – me dijo Diwa y me puso una taza con una infusión delante

Yo aparté la taza sin probarla, a veces era insoportable y me fui a la habitación me puse un camisón y me quede sentada encima de la cama pensativa, al momento escuche como se abría la puerta y Diwa entró y se excuso que tenía que ir al baño.

Al momento escuche tirar de la cadena y Diwa salió y se subió a la cama y se puso de rodillas detrás de mí.

– No problemas – dijo la voz de Diwa – yo te voy a relajar.

Las manos de Diwa se movieron por mi cuello expertamente y yo me deja masajear en silencio, sus diminutas manos me ofrecían una relajación extrema.

– Me gustan tus manos – le dije – me siento bien contigo

– Tengo que relajarte de otra manera – me susurro al oído – necesitas algo más que te voy a dar

Enseguida note como las manos de Diwa me levantaron los brazos y me quitaba el camisón, tonta de mi, pensé que me iba a hacer un masaje más profundo y note en mi espalda sus pechos y sus erguidos pezones mientras sus manos se deslizaron por debajo de mis brazos buscando mis tetas sus labios me besaron el cuello y solté un gritito de exclamación.

– En mi país cuando una se encuentra cómo tú – me susurró sensualmente al oído – solo hay una manera de relajarte… déjame relajarte.

Yo quede por un momento paralizada pero sus diminutas manos se pusieron encima de mis tetas y me pellizco los pezones que se pusieron durísimos al momento y la boca de Diwa mordisqueaba mi cuello, sentí una excitación tremenda y los deditos de Diwa me golpeaban sensualmente los pezones.

– ¿Qué me haces? – alcance a decir con mi voz entrecortada

– Déjate llevar – me insinuó con la voz muy calmada – veras como te gusta

Diwa me metió dentro de la cama me tapo con las sabanas y se recostó a mi lado y sus dedos me pellizcaron otra vez los pezones y su boca busco la mía y me dio un beso en los labios y note como su suave lengua se abría paso entre mis labios, yo encontré que su lengua me ofrecía una fragancia deliciosa y abrí mis labios y su lengua busco la mía y nos entrelazábamos sensualmente, me miro con una sonrisa burlona y alargo sus brazo y apago la luz y se metió por debajo de las sabanas y empezó a lamerme y morderme los pezones, lo que me provoco unos gemidos y su mano tapo mi boca mientras me seguía lamiéndome los pezones que ya estaban durísimos.

– No podemos hacer esto – le susurre y intente apartarla con mis manos -déjame por favor

Diwa se sentó en mi barriga, me levanto los brazos y volvió a besarme y meterme su lengua dentro de mi boca.

– Lo estas deseando marrana – me dijo mientras sus mano me agarraba por la barbilla y se bajo hasta mis piernas y me quito las bragas las hizo una bola con la mano y me las metió en la boca y sus manos me abrieron las piernas y sus dedos pasaron por mi raja, yo solté un grito que quedo mitigado por las bragas en mi boca – tienes el coñito muy mojadito… eres un poquito guarra.

Yo intente cerrar las piernas pero Diwa me volvió a pasar un dedito por la raja y me penetró, yo solté otro gritito y mi cuerpo sufrió una convulsión y mi coño se puso en funcionamiento y Diwa saco el dedo y me estimulo el clítoris pasando sus dedos suavemente y me volvió a penetrar esta vez con dos dedos yo ya sentía un placer inmenso y mi coño se mojaba por momentos.

– Te he dicho que te iba a gustar – susurraba Diwa al notar que dejo sus dedos quietos y era yo la que movía mis caderas para notar sus dedos dentro de mi – córrete guarra.

Los dedos se metieron profundamente en mi coño y empezaron a entrar y salir fluidamente mientras mi coño se encharcaba y mis piernas empezaron a temblar y me llego un profundo orgasmo que me dejo temblando unos minutos.

Diwa me saco las bragas de la boca mientras me volvía a besar en los labios.

– Mi hijo… dije tartamudeando

Diwa se sentó en mi barriga otra vez y me agarro por la barbilla y me metió la lengua

– Puta – me susurro, se levanto y se fue a su habitación yo quede acurrucada en la cama y note que mis fluidos habían mojado las sabanas y que me había corrido cómo hacía tiempo que no me corría y me quede dormida.

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