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Montada por mi jefe (Partes 1 y 2)

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Y entonces lo entendí... Yo no era más que un juguete para él, me había usado a su antojo, y yo como una idiota, me creí su juego.

Nos conocimos en el trabajo, llego un día de enero y lo presentaron al colectivo, para mí, uno más, ni siquiera me fijé, no me llamaba la atención, quizás porque yo tenía pareja, o simplemente aun no lo conocía lo suficiente.

Con el pasar de los días interactuamos, cabe mencionar que llegó para ocupar el puesto de jefe, tratábamos temas laborales estrictamente, aunque ahora que lo pienso ya el mostraba signos de interés hacia mí.

Miradas, gestos, nada notable aun. Yo por mi lado seguía sin ponerle atención, cosa que creo era lo que lo intrigaba de mí. El más carismático de los jefes, buena presencia, buena ropa, buena labia, olía delicioso.

Con el paso de los días teníamos cada vez más roce, en varias ocasiones, a modo de juego, o quizás para tantear el terreno y ver que sucedía me decía que me quedara para tomar algo al final del turno. Por ser simpática le decía que sí, pero luego a la hora de salida, llegaba mi esposo a recogerme y todo se quedaba ahí.

Hasta un día que una amiga me embulla a hacer algo luego del turno de trabajo, habíamos tenido un día tranquilo y por suerte hasta cerramos un poco antes. Como era temprano me anime a ir por unas copas, él, como fiera al acecho, se anotó a la salida.

Llegamos a un bar cercano al trabajo y pedimos unas bebidas, buscamos un lugar tranquilo y sin tanta gente y ahí empezamos cada uno a disfrutar el ambiente, música y alcohol nunca son una buena combinación cuando hay una atracción por el medio, que hasta ese momento confieso, que era solo por su parte.

Bailamos, y entre tragos y risas nos íbamos acercando, me hablaba al oído, me ponía la mano en la cintura, y a mí no me disgustaba, no pensé ni por un momento en mi esposo, perdí la noción del tiempo, me fui relajando, y me deje llevar. Mi amiga había cogido por su cuenta, conoció a alguien allí mismo y no la volvimos a ver en toda la noche.

Estaba sola con él, que no dejaba de mirarme, me agarraba y apretaba contra el haciéndose el más bailador, entre el calor y la adrenalina del momento, me fui calentando, me encantaba esa sensación, que era desconocida para mi hasta ese momento. Tenerlo cerca me volvía loca, saber que me deseaba, se podía oler en el aire. En un descuido me besa y me derrite con su beso. Los tragos ya estaban haciendo efecto. Se sentía la química, la atracción, la temperatura subía, no sé en qué momento me enredé en esa aventura.

Acaba la noche, termina la fiesta y me acompaña en un taxi hasta mi casa, ya mareada y desorientada se despide de mi con un beso. Llego a la casa y caigo en que mi marido me estaba esperando, reviso mi móvil preocupada por si me había llamado y para mi sorpresa nada de él. Entro al cuarto y ahí estaba, dormido, ni siquiera sabía si yo había llegado, no se había enterado de nada, tomé un baño y me dormí.

Pasaron 2 días de descanso sin saber de él, pensando, con la cabeza echa un lio, una mezcla de culpa, arrepentimiento y a la vez no me podía creer lo que había pasado. Llega el día de trabajo, y actué como la más normal del mundo, lo saludé y me puse con mis tareas, no sabía que venía a continuación, si para él había sido una diversión de una noche de fiesta, no sabía ni siquiera si se acordaba de aquello. Acabándose el día me llama a su oficina, ya yo hasta me había convencido que no fue nada importante. Toco y nada más entrar cierra y me pone contra la puerta, me dice cuanto ha pensado en mí, cuanto me desea.

Me besa y sus manos me aprietan con fuerza, está caliente, impaciente, me susurra algo al oído que ni entendí, se me nublo la mente, no podía pensar en nada, solo en él y en su erección que ya podía sentirse rozándome. La posibilidad de que alguien pudiera entrar en vez de preocuparme me ponía muchísimo, me empieza a desnudar y yo me dejo sin protestar, no sé qué tenía ese hombre que en tan poco tiempo se había apoderado de mi mente, cuando vengo a ver ya estaba sin ropa, sobre el buro, con su miembro adentro y pidiendo más.

Me toca los senos, me los besa, me agarra del pelo y me da cada vez más duro. Me pide que se la chupe y me arrodillo sin dudarlo, lo mojo con mi lengua y me lo trago entero, lo tiene caliente y gordo, se lo chupo con gusto como si fuera un helado, se viene al instante dentro de mi boca. Me toca a mí ahora disfrutarlo, no demora en abrirme las piernas y con destreza me recorre el clítoris con su lengua, sus dedos dentro de mi vagina al ritmo de su boca me desesperan, me tiene hecha aguas y entre temblores me arranca un orgasmo.

Sin tiempo de recuperarme tocan la puerta, se arma el corre corre cada uno por sus prendas para aparentar que no ha pasado nada, y poder abrir. Salgo disparada haciéndome la ocupada y continuo con mis tareas, o bueno, intentando terminarlas. Cosa prácticamente imposible con todo el cuerpo temblando aun y el corazón a mil por segundo. No podía concentrarme en nada, solo me venía su verga a la mente y lo rico que me hizo correrme.

Y ahí estaba yo, descontrolada, atormentada, ilusionada y si, enamorada, por muy estúpido que suene. Ese hombre se convirtió de un día para otro en mi alegría, mi motivo para ir a trabajar, para maquillarme, para perfumarme, para usar esa lencería que tenía guardada, para lucir siempre espléndida, cosa que con mi marido había perdido hacía tiempo.

Aquí es donde empieza mi verdadero tormento...

Parte 2:

Luego de mi primer encuentro sexual con mi jefe, no dejaba de pensar en él, mientras me decía a mí misma que estaba mal toda esa situación. Casado, con una hija pequeña, que futuro podría esperarnos, pero quien iba a pensar en eso ahora, yo solo quería disfrutar el momento y que me hiciera gozar. Que me diera lo que no tenía al llegar a casa.

Los días de descanso eran interminables, no veía la hora de llegar a trabajar, si podía cubrir turnos solo para estar con él lo hacía sin pensar. Cada día era diferente, ya la oficina no nos alcanzaba para nuestros encuentros que eran cada vez más candentes. El baño, los pasillos, el auto de lugar para darnos placer, estábamos arriesgándonos cada vez más a ser descubiertos, pero valía la pena el riesgo por cada segundo juntos.

Empezamos a probar nuevas experiencias, salíamos a tomar algo y nos tocábamos debajo de la mesa, me encantaba sentir su bulto creciendo y que no nos descubrieran, se bajaba como buscando algo perdido y me chupaba el clítoris, sentía que mi cara me delataba, solo el largo mantel impedía que lo vieran, íbamos a la playa y escogíamos un lugar donde estar más apartados y me subía encima bien cachonda para que me penetrara dentro del agua, en el viaje de regreso el auto era afrodisíaco, le hacía sexo oral mientras manejaba y trataba de mantener el control.

Le pedía que me cogiera por detrás, quería ser su puta, que me montara y me nalgueara, que me echara su leche caliente en el culo. Quería pertenecerle toda entera.

Mentíamos todo el tiempo para encontrarnos, no aguantábamos estar separados, el deseo y la atracción sexual era increíble, a tal punto que cuando me dejaba en casa en la noche, a expensas que mi marido nos viera me follaba en la entrada, escondidos detrás de un muro, como me ponía ardiendo esa situación, de las mejores cogidas que me han dado, esa mezcla de susto con excitación es adictiva. En cuatro y con verga adentro, tapándome la boca para que mis gemidos no los oyeran, me hacía venirme completa, me hacía suya, no tenia deseos de entrar y verle la cara a mi marido, y mucho menos que si estuviera despierto quisiera acción a esa hora, le inventaba cualquier excusa.

Ya yo tenía dueño, ya mi cuerpo era de ese hombre y él era mío también. Ya no había vuelta atrás. Era un paraíso sexual cuando estábamos juntos, los deseos eran incontrolables.

Pasó el tiempo y le llega a su mujer una nota anónima donde decía que él estaba engañándola, ella se puso histérica, lo amenazo con irse de la casa y llevarse a la niña y a partir de ahí empezaron las excusas, yo lo sacrificaba todo para vernos y el ese día no podía, debía cuidar a la niña, o era el cumple de su esposa, o simplemente estaba ocupado.

Ya cuando nos veíamos, era poco tiempo, era todo rápido, casi mecánico. No sé en qué momento la pasión cambio, se fue enfriando, él se fue alejando y yo de idiota no entendía, me había enamorado, o al menos eso creía, ya me había decidido y había dejado a mi esposo, total, ya no funcionábamos como pareja, para que seguir engañándolo. Claro, nunca dije que el motivo de la separación tenía nombre y apellidos.

Estaba sola, y aferrada a un hombre que claramente había tomando una decisión, mantener a su familia a toda costa. Estaba sobrando en esta historia.

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