Madre borracha
Centímetro a centímetro, la pija monstruosa desapareció entre las nalgas de su mamá. Cuando los huevos tocaron la carne blanda, Gabriel se quedó quieto, disfrutando el calor apretado que lo estrujaba. —Está toda adentro, mamá... Tu orto me está apretando como si quisiera ordeñarme. —Movete ahora. Cógeme fuerte. Haceme sentir...