El pene de mi yerno y yo

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De nuevo mi yerno centró su atención en la tv y yo mi vista en el pedazo de pene que podía ver sin quitar mi mano de su pierna, que seguí sobando y subiendo en cada movimiento. Al llegar a su bóxer metí ligeramente los dedos entre la tela

En alguna ocasión leí en una revista un relato donde tenían relaciones sexuales yerno y suegra a mí me pareció más fantasía que realidad, nunca pensé que yo terminaría en una situación así. Tenía tres años de vivir sola después de la muerte de mi esposo.

La soledad me estaba haciendo daño por lo que mi hija me pidió que me fuera a vivir con ellos. Damián, su esposo, siempre ha sido franco cuando dice las cosas por lo que cuando mi hija le dijo que le gustaría que yo viviera con ellos, Damián fue muy directo cuando me dijo que él estaba acostumbrado a estar en su casa en calzoncillos que si yo no tenía ningún problema con eso, esa era mi casa.

Cuando me mudé con ellos al principio evitaba toparme con Damián cuando estaba en casa y con los puros calzoncillos puestos pero me fui acostumbrando a verlo así.

Ya tenía viviendo más de dos años con ellos y para mí ya era algo normal ver a Damián en calzoncillos, los domingos tenía como costumbre sentarse en la sala a ver la tv. En esa situación, ese domingo en especial Rosa no estaría en casa ya que en la empresa donde trabaja tenían inventario, Damián se encontraba en la sala viendo tv, la posición en que se encontraba sentado hacía que la bragueta de su bóxer quedara abierta, yo al estar limpiando la sala sin querer me fijé en su bragueta, la abertura dejaba ver algo de su pene, no lo podía creer a mis 58 años me estremecí con la visión. Me para detrás de él para tener mejor ángulo y ver si podía ver algo más de su pene.

En verdad me había excitado, no pude ver más de lo que se veía de frente por lo que me armé de valor y me senté junto a él con el pretexto de ver la película que estaba viendo. Mi garganta se encontraba seca no así mi vagina que se había humedecido. Entablé una plática con Damián sin ningún sentido y con la plática ponía mi mano en su pierna como llamando su atención hasta que la dejé en ella. Damián no se había dado cuenta de nada ya que su pene seguía flácido, la excitación en que me encontraba hizo que empezara a sobar su pierna diciéndole que su piel se sentía rica. Sonriendo me dijo que si me gustaba sentir su piel podía tocarla el tiempo que quisiera y donde quisiera, los dos soltamos una carcajada, la mía fue de nervios la de él no sé.

De nuevo centró su atención en la tv y yo mi vista en el pedazo de pene que podía ver sin quitar mi mano de su pierna que seguí sobando y subiendo en cada movimiento. Al llegar a la pierna de su bóxer metí ligeramente los dedos entre la tela. Damián volteó a verme y lo único que se me ocurrió decir fue “puedo?”. Y él me respondió “es tu decisión, yo estoy dispuesto a lo que tú quieras”. En ese momento su pene se empezó a poner duro, pude ver cómo fue creciendo hasta que por la erección se salió del bóxer. Ya no vi la cara de Damián, toda mi atención estaba puesta en su erecto pene, sin dudar lo tomé con mi mano jalando hacia atrás todo su prepucio, dejando su glande completamente descubierto, después de recorrerlo con mi mano de su glande a sus testículos por un buen rato mis labios se apoderaron de él. Al principio solo chupaba su glande hasta que salieron unas gotas de líquido pre seminal, su sabor aumentó mi excitación y lo metí casi por completo en mi boca.

Él no había perdido el tiempo y había empezado a quitarme la ropa que a esa hora del día no era mucha, solo tenía puesta una bata y mi ropa interior pronto me tuvo completamente desnuda y mamando su pene, sus manos atendían mis erectos pezones y de vez en cuando recorría por completo mis tetas, mi bata sirvió de manta para que yo me acostara en el piso de la sala.

Ya no podía esperar más tiempo, separé mis piernas para que él pudiera acomodar su pene en la entrada de mi vagina, ayudándose con la mano empezó a pasar por mis labios vaginales su pene que al tocar mi clítoris hacia que me estremeciera. Entre jadeos le pedí que ya me penetrara, no tuvo ningún problema en meter su glande que de inmediato sacó, así lo estuvo haciendo por largo rato hasta que exploté en un formidable orgasmo, fue el primer orgasmo de mi vida que me había provocado un glande. Aun no terminaba de convulsionar mi cuerpo por el efecto del orgasmo cuando su pene se fue al fondo de mi vagina, un prolongado gemido salió de mi garganta al sentir mi vagina llena con su pene, sus embestidas yo las acompañaba con mis jadeos y gemidos, estaba completamente entregada al placer. Empujó con gran fuerza su pene dentro de mi vagina dejándola ahí un gran chorro de semen broto de él y otro más en total sentí cinco y casi al instante yo experimenté otro orgasmo.

Cuando nuestros cuerpos recobraron su estado normal le di las gracias por el magnífico rato que me había dado.

Después de ese día los dos buscamos la ocasión para poder seguir con nuestros encuentros sexuales.

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