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La casera de mi novia (I)

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No presagiaba que los días que relataré a continuación serían los últimos de mi noviazgo con Abril. Ni mucho menos que serían el principio de la relación fugaz y apasionada que tuve con Missel.

Corría finales de septiembre del 2016 cuando recibí la llamada de Abril pidiéndome que la acompañara a mudarse a la nueva residencia que consiguió al este de la ciudad. Luego de graduarnos ambos de profesores de literatura, ella decidió mudarse, del pueblo de donde es originaria, a la ciudad de donde era yo, porque ahí conseguiría más oportunidades de empleo. Y no tardó mucho en hacerse de uno. Y para ello tenía que mudarse y decidió hacerlo, compartiendo una habitación con un amigo en común que teníamos los dos, un amigo gay, por ello no puse ninguna objeción en ese aspecto, no había nada que temer.

Cuando me llamó ese día de septiembre, yo me encontraba en casa sin hacer mayor cosa, estaba de vacaciones.

–Hola mi amor. ¿Cómo estás?

–Hoola Bebé, bien, ¿y tú, mi reina? –dije yo, siempre cariñoso con ella.

–Bien vale. Aquí finiquitando con Andrés para irme a mudar a la residencia. ¿Dónde te esperamos para que nos acompañes?

–Espérenme en el centro –dije yo–, llego allá dentro de una hora.

–Está bien mi vida, allá te esperamos, no te tardes. Besos.

–Chao mi amor. –terminé yo aquella conversación.

Antes de empezarme a arreglar, para salir al encuentro de mi novia y nuestro amigo, se me ocurrió llamar a este último y preguntarle algunas cosas con respecto al nuevo estatus de vida que iba a tener con mi novia.

–Epale Andrés. ¿Cómo estás chamo?

–Hola Emilio. ¿Bien y tú?

–Muy bien. Oye, me estoy arreglando para irme a ver con ustedes en el centro. Abril me acaba de llamar y me dijo que los acompañara a la residencia.

–Dale. Claro que sí. Te esperamos allá. Pero no te tardes. ¿OK?

–Tranquilo. Yo llego a tiempo. Por cierto Andrés, ya sabes, te tendré vigilado. No quiero ninguna sorpresa con Abril. –Dije esto último con tono de seriedad pero en el fondo lo decía con jocosidad y en modo de juego.

–Ja, ja, ja. Tú sabes que no juego en ese equipo. Así Abril se me ponga en cuatro, yo no le tocaría ni un pelo.

–Bueno, ya estás advertido. Si me entero que pasó algo entre ustedes dos, voy y te cojo yo a ti. ¿OK?

–Nooo mi amor, ahora menos que menos me meto con ella sabiendo cuál será el castigo…

Después de ese comentario, los dos reventamos en una sonora risa que, al menos a mí, me sacaron las lágrimas.

–Ahora hablando en serio Andrés. Ya sé que llevas unos días viviendo en esa residencia. ¿Cuéntame cómo es la casera? ¿Qué tal se porta con sus inquilinos?

–Es demasiado chévere Emilio. De verdad es todo un amor esa señora. Ya verás que Abril no tendrá ninguna queja de ella. Y ya sabemos que tú novia es bien jodida de carácter. Ya verás como la señora Missel se la va a llevar muy bien con ella.

–Eso me alivia mucho saberlo. ¿Y la señora tiene esposo, hijos?

–Sí, tiene su esposo y dos hijos. Un chamo como de dieciochos años y una nena linda de tres.

–Epa, epa. Eso no me gusta. ¿Y si ese chamo se pasa de listo con Abril y le echa los perros?

–Tranquilo vale. Yo lo vigilaré. Y además, antes de que él pretenda tener algo con ella, yo tengo algo con él.

Nueva dosis de carcajadas como consecuencia de las ocurrencias de mi amigo.

–Bueno dale. Te dejo Andrés. Nos vemos al rato.

–Dale muchachón. Nos vemos.

Antes de que colgara, se me pasó, como un rayo de luz por la mente, hacerle una pregunta:

–Andrés, antes de que cuelgues y aprovechando que no está Abril aquí. ¿Qué tal está la tal señora Missel? ¿Está buena o qué?

Si hubiera podido ver la cara de Andrés en ese momento, de seguro me habría encontrado con una expresión facial convertida en la más completa picardía.

–Ya la verás Emilio. Ya la verás.

Antes que yo pudiera objetar cualquier cosa al respecto, ya Andrés había cortado la llamada.

Terminé de alistarme y emprendí camino al encuentro de mi novia y Andrés, no sin cierta curiosidad a causa de ese último comentario que hizo mi amigo sobre la casera de mi novia.

Llegué a la hora acordada. Ya estaban mi novia y amigo esperándome.

–Hola mi vida. –Saludé a Abril con un fuerte abrazo y un gran beso en sus labios.

Posteriormente me giré hacia Andrés.

–Epale Andrés. ¿Cómo estás chamo? –Saludé a éste con un fuerte apretón de mano.

Ya cumplido con las normas convencionales de cortesía, fuimos rumbo al nuevo ambiente de vivencia que tendría mi novia a partir de ese momento.

Como ya lo dije al principio, la residencia quedaba al este de la ciudad. Y en autobús, no tardamos ni media hora en llegar a nuestro destino. Ya las cosas de Abril se habían trasladado con anterioridad a la residencia gracias al favor que me hizo un amigo de llevarlas, tomando en cuenta que tiene una camioneta y que para ese momento no tenía mayores oficios que hacer. Es por eso que nos fuimos en autobús para allá, sin mayor equipaje del que acarrear.

Tengo que reconocer que la zona era muy agradable, un conjunto residencial que daba a entender que la comunidad era de buen trato. Llegamos a la casa, y Andrés, con su respectiva llave, abre la puerta trasera de la residencia, que era la entrada para uso exclusivo de los inquilinos de la señora Missel.

–¿Qué tal les parece la residencia? –Preguntó Andrés con un aire protocolario de bienvenida.

–A mí, me encanta. –Dijo Abril emocionada.

–A mí igual. Me parece bonito y está bien céntrico de la ciudad. –Afirmé yo con toda sinceridad.

Luego de la bienvenida. Andrés nos llevó hacia la habitación que él y mi novia iban a compartir a partir de ahora, no era muy grande pero sí tenía el espacio suficiente para que los dos convivieran a gusto en él.

Luego de la inspección rutinaria y que ambos terminaran de ubicar bien sus cosas, Andrés llamó a la casa para ver si se encontraba la señora Missel y así poder presentárselas a Abril y a mí.

Yo estaba algo nervioso e intentaba disimularlo hasta donde podía. Era inevitable que no rondaran en mi mente aquellas palabras de Andrés cuando le pregunté si la señora Missel estaba buena: “Ya la verás Emilio. Ya la verás.”. No sé con qué me iba a encontrar. Si tomaba en cuenta el humor de mi amigo, seguramente me iba a topar con una vieja fea, descuidada y obesa. No sé, tendría que comprobarlo y eso se iba a dar en unos instantes.

–Ya voy. Ya voy. –Escuchamos estas palabras venidas de dentro de la casa principal, inequívocamente se trataba de la voz de una mujer. Seguro la señora Missel.

Mi pulso se aceleró al escucharlas. “¡Vamos, vamos! ¡Apúrese señora, quiero verla! Fueron las palabras que querían salir de mi boca en ese momento.

–Chicos, les presento a la señora Missel. –Dijo Andrés en un acto protocolar–. Señora, ella es mi amiga Abril. Y él es Emilio, su novio.

–Hola muchachos. Un gusto Abril. Y un verdadero placer, Emilio. –Dijo la señora Missel dirigiéndose hacia nosotros.

Intenté con todas mis fuerzas no dejar que la quijada se me cayera al suelo.

¿Pero qué estaba viendo?

Ni en mis más morbosas y sexuales fantasías podría imaginar a una mujer como aquella.

Una rubia alta, unos 1,75 metros. Ojos celestes que son el vivo reflejo del cielo. Pero lo mejor era su cuerpo. Un par de tetas, ¡y qué tetas! tenía la señora. Le calculo una talla 110 o 120 como mínimo. Se le notaban firmes a pesar de su edad que calculo yo rondaría los cuarenta años. Y un pedazo de culo que se antojaba como para estar pegado en él día y noche.

¡Una diosa! Sencillamente.

Pero lo que me preocupaba en ese momento era otra cosa, y era que tenía una erección de campeonato que costaba trabajo disimular. Afortunadamente, tanto Abril como Andrés no la percibían porque estaban uno a cada lado de mí. La señora Missel sí pareció notarlo porque no sé si fueron ideas mías, producto de mi excitación, pero podría jurar que de una manera rápida y fugaz miró mi entrepierna y sonrió.

Andrés no notó mi erección pero sí mi cara de sorpresa y asombro porque al oído me dijo:

–¿Nada mal, no?

Y yo lo único que pude hacer es negar con la cabeza como un bobo y vociferar entre labios:

–Nada mal. Pero que nada mal…

Este es mi nuevo relato, haré las respectivas entregas que conforman la saga a la medida de que se me sea posible. Son bienvenidas todas las críticas constructivas, consejos, sugerencias, y si quieren contar sus experiencias para que las compartamos, les dejo mi correo [email protected]

Nos estamos leyendo…

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