La mesa del taller de don Braulio (2)
Me fue bajando y subiendo lentamente dándome piquetes en la cola con la cabeza de su miembro hasta que logró introducirla, me hacía jadear y gemir fuertemente pues me estaba doliendo ¡en serio!, y yo misma me abría mis nalgas con las manos cooperando para que pudiera penetrarme, pues no deseaba que se detuviera, y de pronto sin más ...