El consentidor
Roberto fumaba nervioso en el salón de su casa. Eran las 4 de la mañana del lunes y no podía dormir. Su mujer, Ariel, se había marchado el viernes por la tarde a pasar el fin de semana. Ahora, a pocas horas de su vuelta, los nervios impedían al hombre conciliar el sueño. Si bien desde el primer mo...