Estamos en la misma causa (1)
La puso en el suelo y se arrodilló con las rodillas muy juntas. Empezó con las pantorrillas, pero Samanta le dijo que más bien se refería a los muslos. Cuando Martina empezó a masajearle los muslos, Samanta empezó a dar gemidos cada vez menos ahogados, cada vez más claramente eróticos. Martina fue acercando el masaje a su entrepie...