¿No sabes meter ímpetu, capullo?
Recibí una bofetada cuando mi esposa me enseñó la invitación a la boda. Diana, se casaba. Era un día soleado y sentí que se ponía gris. Los gorriones que hacía unos segundos veía dar saltitos y me parecían encantadores, ahora me parecía buitres. Me sentí c...