Sexo en la ciudad de la furia
Yo la chupaba como si quisiera comérmela. Lo hice gemir. Luego se acomodó al borde de la cama, jadeando, y se puso un forro mientras yo me ponía en cuatro. Me agarró el culo con las dos manos y me lo abrió. Me dio una nalgada que sonó fuerte. Yo gemí. —Estás re mojada, pendeja. —Metémela —le rogué por encima...