Un alma vagabunda
Ese aliento del mar es mi sábana, mi único aderezo. Me arropa con palabras heréticas que llegan de tierra ignota. Un purasangre galopa sin descanso por mis venas. Los lozanos montes de mi pecho son ya volcanes al borde del cataclismo. Serán jugosa fruta fresca para quien la merezca. Y me turbo. Me estremezco. Porque ya no deseo estar ...