Economista y prosti: Dos relatos de Punta del Este
Con él encima, manoseando mis tetas, besándonos y con R moviéndose en un lento mete saca, fue inevitable que me acabara (cada vez me cuesta menos acabar). Temblaba y gemía, R aceleró los movimientos y fue su turno de depositarme leche. Gocé esa leche, me encanta y no podría resistir el látex de un condón. Se salió de mi gruta...