Bendición del hijo (2)
Su mano ya estaba entre las piernas, los dedos rozando el tanga empapado. Se masturbó despacio, recordando el olor a sudor de don Ramiro, el roce áspero de sus dedos, la sensación de ser usada sin poder —o sin querer— detenerlo. Se corrió en silencio, mordiéndose la almohada, el cuerpo convulsionando mientras imaginaba que no era...