Recuperando el tiempo perdido
El móvil vibró sobre la mesita. Reme lo ignoró y siguió intentando alojar los veintiún centímetros de carne en sus fauces, de tal modo que su boca iba segregando babas sistemáticamente al querer acaparar la magnitud del chaval. Una cosa era pretenderlo, y la otra lograrlo, y estaba claro qu...