Qué cabrona era la tía abuela y qué cerda la tía
Señor Agustín después de hacerse esperar llegó al monte abierto donde yo ya lleva tres horas apastando el caballo. Estaba sentado en una pelada, se sentó a mi lado, y me preguntó:
-¿Dónde lo dejamos ayer?
-Me iba a contar lo de su tía abuela.
Sacó un cigarrillo...