Los albañiles en casa (2)
No terminó ahí. El marido los hizo seguir. Les ordenó que la pusieran otra vez en cuatro y que se la cogieran por turnos una vez más, todos en el orto, uno atrás del otro, sin sacarla del todo entre cada uno. Que le dejaran las cinco cargas adentro. Sabrina apenas podía sostenerse. Cada vez que uno acababa, el siguiente...