Eva y su hijo Abel (5)
Pasaron unos días, en que la tensión entre nosotros se fue calmando, sin desaparecer. Nos encontrábamos por el pasillo, nos besábamos, nos acariciábamos, nos tocábamos al descuido, sin decirnos nada, sonriendo y recordando en mi caso.
El siguiente fin de semana íbamos a estar solos otra ...