La cortina azul
Cuando entramos mi mujer estaba en un grito, encima de él de espaldas a mí. La vi cabalgando la descomunal pija del extranjero a un ritmo frenético, guiada magistralmente por la mano del escorpión qué tenía ensartado un dedo en su culo. Desconocí totalmente a esa mujer brincando sobre el musculo tieso del desconocido. Cuando por fi...