Fue solo un susto...
Me empujó despacio para que me arrodillara. El piso era frío, asqueroso, pero no me importó nada. Tenía en la cabeza una sola cosa: bajarle el pantalón y sentirlo en la boca. Cuando lo hice, me mordí el labio apenas lo vi. Su pene estaba duro y caliente. Me encantó cómo respiró cuando se lo agarré y empecé a chuparlo...