Pedro, el mejor amigo de mi marido
Me acorralaste contra la pared, te miré a los ojos y vi la pasión en ellos, tus manos volaron hasta mi cuello acariciándolo con calidez, posándose sobre mis hombros, quedándose un instante allí quietas, para deslizarse después suavemente hacia mis pechos, rozando con el dorso de los dedos mis pezones, ya erectos. El calor y el dese...