Dilema de una buena tía (6)
—No pares de mirar, Verónica —dije con voz firme—. Esto es parte de la higiene. Tienes que aprender. Diego soltó un gemido largo y profundo. Su cuerpo se sacudió con fuerza mientras se corría entre mis dedos. Los chorros calientes se mezclaron con el agua y fueron arrastrados por el desagüe. Mantuve el ritmo hasta que terminó ...