El último calor (1)
Por otro, ¿hasta dónde podía llegar con Augusto? Ese hombre maduro, con su voz tímida pero segura, me provocaba un cosquilleo insistente entre las piernas solo con sus mensajes. Imaginaba sus manos expertas recorriéndome, su cuerpo presionándome contra la barra, follándome lento y profundo hasta hacerme gemir sin control. Pero no, ...