Día 2: Martes en la cocina
El Negro no paró. Siguió follándome hasta que gruñó y se corrió dentro, llenándome otra vez con chorros calientes de su semen que sentí palpitar dentro de mí. Se quedó quieto un momento, con su verga metida hasta el fondo de mí, ya sin bombearme, parecía que su miembro tenía vida propia porque todavía se estremecía escupien...