Asiática madura
En mi mente su cuerpo, el recuerdo de su tacto. Algo me decía que, roto el hielo, aquello iría muy rápido. Tenía una ventaja, la paciencia. Para mí todo era nuevo. Quería explorar sus orejas introduciendo la punta de la lengua en su oído. Quería besar su cuello. Quería sobar sus nalgas y quería, antes de nada, tocarle las tetas...