Una madre santa, pero pervertida
"¡Si, de eso estaba hablando!" grito Juana, mientras ella y sus hijos tenían de placer "¿Me escuchas, Satanás? Jamás podrás apoderarte de las almas de mis hijos, pues yo siempre estaré allí para purificarlos con mi cuerpo, y me da igual si tengo que cogérmelos diez veces por día a cada uno ¡Nunca me vencerás!". Finalmente, tra...