La gerente de RH, el sueño de todo maduro (2): La gloria misma
Vi que con una mano la fue deslizando por sus pantorrillas hasta llegar al tobillo izquierdo, levantó su pie y se atoro un poco con el tacón de su zapatilla, pero con un pequeño jalón logró liberarla. La tomó entre ambas manos y de manera muy discreta la dejó entre su bote de basura la pata de su escritorio. Escondida...