Papá, mamá y yo. Correctivo y sexo en la carretera
Pero las palabras no sirvieron para nada y pronto sus nalgas comenzaron a danzar bajo los correazos. La humillación quedó en el olvido pronto y el escozor de cada golpe se convirtió en su mayor y única preocupación. Contraía el trasero tratando de disminuir el dolor del impacto y se movía tratando de esquivar el cuero sin importarl...