El diario de una madrasta
“Uii, mamii… pero mírate… tienes experiencia, ya te han comido por este culo, ¿cierto?”. La pregunta me golpeó como un rayo. La vergüenza me quemó las mejillas. “¡Habla! ¿Te gusta por el culo? ¡Habla, maldita puta!”. Solo podía gemir, una música disonante de placer y humillación. Pero él no se movía. Se quedaba al...