Soltero por un fin de semana (Parte II)
La noche anterior había sido increíble. La corneta aún me ardía, pero cada vez que miraba a Feña, el glande me palpitaba como queriendo salir de su ostracismo. Ella actuaba de lo más normal con la sola excepción del saludo de buenos días (eran las 4 pm): me besó, sutilmente, l...