¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!
Caridad, una joven morena, de ojos claros y delgadita. Estaba en su cama apoyada con la espalda en la cabecera. Tenía el teléfono móvil en la mano y escribió:
-Hola, Robert. ¿Dónde estás?
Recibió la respuesta al momento.
-Estoy de aquella manera sobre la cama. ¿Y t&ua...