Cazadora cazada
Cuando conocí a Fernanda, quedé admirado por varias razones: la primera su hermosura, una mujer de 30 años, casi de mi misma altura, 1.70 morocha, de ojos grises espectaculares, un físico tremendo, cola, pechos, cintura; la segunda, su sonrisa franca, sincera; la tercera, su gestualidad, sus manos hablaban casi...