Y finalmente... ella y tu regalo (Tercera parte)
Cuando salí de aquel bar esa noche, “El Puertas” ya no estaba. Apuré mis pasos para conseguir llegar al piso, unas calles más hacia el sur. Nada más entrar recibí una notificación en el móvil…
—¡No me esperes despierto! —Leí en la azulada panta...