Me enamoré de una prostituta
Seguí embistiéndola y cada movimiento me llevaba al éxtasis más alto. Estaba cumpliendo mi sueño de hacer el amor de verdad con Patricia, la prostituta de la que me había enamorado. Al fin estuve al borde de la eyaculación y decidí que si tanto nos amábamos, el hombre debe eyacular en la vagina de su mujer sin importar las consec...