El oscuro encanto de la sumisión (2)
Viajaban en silencio, la música que brotaba del estéreo se colaba como una neblina entre sus pensamientos. Antes de salir, Oscar y Claudia habían tenido una pelotera. ¡Conducir tantas horas para ver a un maldito espiritista! ¿A quién podía ocurrírsele semejante locura? Y lo que lo hab...