Noches diferentes a las demás
Un fuerte suspiro salió de nuestras almas; era el momento en que tú y yo éramos uno, fui tuya, entrabas, salías, me hacías a tu antojo, topabas y te estremecías. Tus piernas empujaban y mi espalda se arqueaba cada vez más; decías mi nombre, me acariciabas los pechos, observabas toda mi anatomía y cuando quedaste exhausto de tal l...