Carmen, la madre de Pedro y yo
La hice tumbarse boca abajo, yo se senté sobre la cama y con mis manos me puse a acariciarle el culo, la verdad es que lo tenía muy bello, después introduje dos de mis dedos en el interior, y me puse a masturbarla, ella gemía de gusto, las dos éramos inmensamente felices. A continuación, volví a lanzar mi lengua sobre...