Una vecina alegra mi noche
Su mano lo sostuvo con firmeza mientras su lengua empezó a lamerlo, lenta, provocadoramente. Subía y bajaba, dibujando círculos alrededor de la cabeza, dejándolo brillante de saliva antes de llevárselo a la boca. La calidez, la humedad, el movimiento de su lengua eran un placer hipnótico. Me miraba desde abajo, esos ojos llenos de l...