Del odio a la envidia (4)
De repente su movimiento me detuvo, en poco tiempo se giró, me quedé inmóvil esperando sin detenerla, me abrió las piernas y se inclinó sobre mi entrepierna. Con una cascada de agua sobre nosotras comenzamos a realizar un estupendo 69, ambas nos centramos en nuestros clítoris, duros e hinchados por el placer, nuestros gemidos se ve�...